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lunes, 7 de octubre de 2019

Ciclo de cine debate: Historias de mujeres filmadas por mujeres


Fundación Balmaceda de Providencia en Santiago de Chile inicia su ciclo de cine/debate todos los lunes de 19:30 a 22 hrs.
Este ciclo intenta propiciar el debate entre los asistentes a partir de la lectura de un corpus de críticas de cine especialmente preparado que permita una reflexión profunda acerca del hecho cinematográfico en general y de cada película en particular.

Se procura brindar herramientas para desarrollar la capacidad de observación y explorar algunos de los códigos audiovisuales a su vez que se busca identificar a directoras de cine contemporáneas, de distintas geografías, con especial interés por narrar historias protagonizadas por mujeres desde una perspectiva feminista.

OBJETIVOS
– Ofrecer herramientas para acercarse al análisis y la reflexión de la crítica cinematográfica

– Reconocer a directoras del cine contemporáneo y sus producciones cinematográficas

– Comprender e identificar las motivaciones de género involucradas en sus filmes y precisar, a través del visionado de las películas, conceptos claves como perspectiva de género, feminismos, sexualidades, corporalidad, sororidad, subjetividad, derechos, violencia, masculinidades, entre otros.

Fotograma de "La virgen jurada" de la directora Laura Bispuri. El films forma parte del ciclo de cine. Son ocho películas en total. 

viernes, 27 de septiembre de 2019

Cordillera de los Andes se traslada a Santiago de Chile


Ph: Eduardo Dolengiewich

TRAS UNA EXITOSA INAUGURACIÓN EN LA CIUDAD DE MENDOZA, LA MUESTRA SE TRASLADA A SANTIAGO DE CHILE

Luego de su inauguración en el Museo Carlos Alonso-Mansión Stoppel, el primer encuentro binacional de artistas visuales argentinos y chilenos tendrá su capítulo chileno el jueves 3 de octubre a las 19.30 en Casa Autónoma de Santiago. Participan 27 artistas mendocinos.

Por Redacción Revista Ophelia



“Cordillera de los Andes” inaugura su etapa en Santiago de Chile el jueves 3 de octubre a las 19.30 hs. en “Casa Autónoma. Arte y Cultura”, luego de haberse lucido en el Museo Carlos Alonso de la Ciudad durante el mes de mayo.

Casa Autónoma en Chile es un emblemático edificio que data de 1912 y que ha sido declarado “Inmueble de conversación histórica”. La casona está ubicada en el corazón de Providencia y es dirigida por Jorge Berríos, reconocido gestor cultural trasandino. El lugar fue restaurado en el 2012 por la Universidad Autónoma de Chile y hoy es un lugar de privilegio para la difusión de la cultura y las artes en Chile.

La exposición reúne en esta oportunidad a cincuenta y cuatro artistas argentinos y chilenos, veinte siete de ellos mendocinos de reconocida trayectoria en nuestro medio artístico.

Al día siguiente de la inauguración los artistas protagonizarán un conversatorio para compartir experiencias creativas. El mismo estará moderado por la Lic. Camila Reveco, editora de Revista Ophelia (Mendoza), la historiadora de arte Gisela Sanhueza y Soledad Neira, directora de Galería de arte Fondo y Forma (Santiago de Chile).

La exposición podrá verse hasta el 9 de noviembre

Camila Reveco explicó que “Cordillera” con esta segunda etapa “se consolida como un encuentro artístico que sirve para graficar la cercanía entre Argentina y Chile, reuniendo a un amplio abanico de artistas de ambos países para ofrecerle al espectador distintas miradas sobre este imponente monumento natural; la columna vertebral de Latinoamérica”.

El evento se realizó primero en el Museo Carlos Alonso de la Ciudad de Mendoza en mayo

miércoles, 24 de abril de 2019

"Cordillera de los Andes": Primer encuentro binacional de artistas argentinos y chilenos



El primer encuentro binacional de artistas visuales tendrá su capítulo mendocino el viernes 3 de mayo, a las 20.30, en el Museo Carlos Alonso-Mansión Stoppel. El sábado 4, se presenta la Revista de arte Ophelia número 3. La segunda etapa de esta exposición será en septiembre, en Santiago de Chile. 

Por Redacción Ophelia 

“Cordillera de los Andes”, la exposición binacional que reúne a cuarenta artistas argentinos y chilenos de reconocida trayectoria, inaugura el viernes 3 de mayo a las 20.30 en el imponente Museo Carlos Alonso-Mansión Stoppel, uno de los espacios más bellos de la Ciudad de Mendoza que reabrió sus puertas en marzo del año pasado luego de haber estado 41 años cerrado.

Camila Reveco, editora de Revista Ophelia (Mendoza) y Soledad Neira, directora de Galería de arte Fondo y Forma (Santiago de Chile) han sido las encargadas de la organización de este encuentro de arte que tiene como objetivo rendirle homenaje a este impactante acontecimiento natural que tantos significados adquiere para ambas ciudades. Para eso han reunido a importantes artistas visuales de ambos lados de este macizo montañoso preguntándoles, que denota, para ellos este cordón montañoso que atraviesa gran parte de nuestro Continente.

El evento cuenta con el auspicio de la Secretaría de Cultura de Mendoza y de APECH (Asociación de pintores y escultores de Chile); podrá verse hasta el 3 de julio y, de acuerdo al cronograma previsto, durante el mes de septiembre la muestra se trasladará a Santiago de Chile.
Al otro día de la inauguración, el sábado 4, también en el Museo Carlos Alonso, los artistas convocados a a participar de Cordillera, protagonizarán -a partir de las 17- un conversatorio para compartir experiencias creativas y se presentará oficialmente la Revista Ophelia Nº3 que destaca en esta oportunidad la obra de la pintora mendocina Omara Serú. En el panel estarán reconocidos especialistas de Argentina y de Chile que forman parte de éste último ejemplar: Gisela Sanhueza, Gimena Iriart, Soledad Neira, Mercedes Fernández, Andrés Cáceres.

La entrada es libre y gratuita.

 Betsabé Stay  y Camila Reveco, de Revista Ophelia

jueves, 7 de febrero de 2019

Jorge Porras: Mi obra se mueve, muta, se transforma a cada instante

Creador de mundos fantásticos protagonizado por seres ancestrales, guerreros, vírgenes, bestias y máquinas. La propuesta del pintor ecuatoriano Jorge Porras, plagada de imaginación, nos recuerda lo ilimitada y subjetiva que resulta la representación. En exclusiva, la entrevista con Revista Ophelia.

Por Camila Reveco desde Argentina
creveco@revistaophelia.com 

Defensor de la pintura tradicional, el artista Jorge Porras, nacido en Ecuador en el año 1968, se permite experimentar con ideas y materiales variados e investiga todo tipo de técnicas para dotar de una mayor expresividad a su obra.

El buscar un lenguaje plástico, una identidad, te hace transitar por un sinnúmero de lugares, unos fáciles y otros con sobrecarga de influencia, dice.

Cultor de un trabajo cargado de simbolismos, de sello personal y reconocible, es evidente en Porras la influencia que ha recibido de artistas de la talla del francés Gustave Moreau (1826-1898), del austriaco Gustav Klimt (1862-1918) y, especialmente, de los maestros del Renacimiento, en particular de Leonardo Da Vinci.  Pero a su vez, se mezclan en sus cuadros recuerdos de la infancia ligados a su Cotacachi natal.

Los aromas, sonidos e imágenes generaban en mí un mundo personal lleno de encanto y memoria”, describe.

La atmósfera general de sus pinturas concentra un alto componente espiritual y de ensoñación. Cada obra exige al menos dos miradas sigilosas: una para el conjunto, otra para los detalles. Allí no sólo se concentra una excelente ejecución, también es evidente el peso conceptual de su propuesta.

Busco capturar lo espiritual, la esencia de los personajes y las atmósferas, según la cromática, porque son la esencia del hombre, de Dios, el todo”, explica.


Karen Pinto Monroe: Voy buscando la mejor manera de plasmar lo que siento

En su obra subyacen figuras de su subconsciente sobre las cuales va dibujando patrones de los tejidos y vasijas indígenas. Con su arte quiere homenajear a la cultura prehispánica. “Mi amor y respeto a mis ancestros mapuches, y a toda su cultura y cosmovisión, me inspiran a la hora de crear”, dice la artista chilena en esta entrevista exclusiva. 

Por Camila Reveco 
creveco@revistaophelia.com 


“Hace más de una década decidí emprender este camino y no me arrepiento“. Lo explica la artista Karen Pinto De La Calle (1979), “Monroe”, que si bien en un principio estudió periodismo decidió  luego volcarse de lleno a la pintura, y allí encontró su verdadera pasión. 

“Me considero autodidacta, ya que voy experimentando y aprendiendo”, comenta y agrega: “Lo que subyace en mi pintura son las emociones. Voy liberando emociones y sentimientos con figuras y colores. Mi obra tiene pedacitos de mi alma”.

Dueña de una pintura visceral y muy colorida, la gestora y crítica de arte colombiana Gina González dice sobre Monroe: “(...) juega con la percepción visual y su significado, su paleta colorida y armoniosa rellena la silueta y simula un cubismo étnico muy original y novedoso” y agrega:

Su obra siempre se ha caracterizado por la plasmación de una estética postmoderna, atractiva, seductora, siempre bañada de colores vibrantes y un toque infantil. 

En esta esta ocasión da un paso más allá, dibuja encima de lo existente, e intenta escribir una nueva historia. 

lunes, 21 de enero de 2019

Graciela Genovés. "El discurso del arte contemporáneo es intolerante"

Aficionada a pintar lo que encuentra a su alrededor (personas, paisajes, calles, objetos), su obra es, ante todo, vibrante. La artista platense, radicada en el barrio de San Telmo, lejos de eludir la polémica se refiere aquí a los tópicos más sensibles que habitan dentro del circuito del arte contemporáneo y nos revela detalles sobre su oficio. 

Por Camila Reveco
creveco@revistaophelia.com

Cultora de una pintura tradicional y aprendiz del maestro Osvaldo Ernesto Attila (Buenos Aires, 1933-2006), la artista plástica Graciela Genovés (1962) es dueña de una obra alegre, plagada de colores vivos, de luz y de armonía. La suya es una pintura urbana que representa espacios de su mundo cotidiano,  siempre en tono intimista y generando un aire de irrealidad permanente. Sus cuadros son una fiesta.

Me gusta que en mis pinturas se note que están hechas acá en Buenos Aires, que están hechas con esta luz, hechas con esta gente con la que comparto la calle, el barrio, la cuidad”, dice.


En su trabajo se evidencia la superación de la dialéctica de oposición que caracterizó el arte de las últimas décadas  del siglo XX: para la artista no hay distinción entre figuración y abstracción; sus óleos generan un espacio ideal para la convivencia entre estos de modos de ver, y siempre lo logra a través de una atmósfera peculiar que brinda una sensación general de plenitud.

Yo cuando pinto lo que intento es ver y de laguna manera traducir plásticamente lo que veo, y lo que veo no es totalmente abstracto. Tiene un componente abstracto pero también tiene un montón de aspectos reconocibles “de la realidad”, cuenta.

Interpeladora, Graciela pone en duda la idea de la “democratización” del arte contemporáneo que se pregona bajo consignas como “todo es arte” o “todos son artistas”, cuando son cientos los artistas que están siendo, en este momento, excluidos de muchos circuitos de exhibición.  Se promociona a los que llaman “artistas conceptuales” o “emergentes”, pero lo emergente resulta ser, en muchos casos, algo vacío de contenido e incomprensible, que poco o nada tiene de ruptura, y mucho menos de vanguardia.

“Dentro de este discurso que aparentemente es tan democrático, tan progresista, se esconde una intolerancia muy grande, porque en base a este discurso, excluyen a artistas de ferias, lugares de exposición, difusión y venta de obras, de los medios de comunicación y de todo tipo de aliciente de la práctica artística”, sostiene.

viernes, 18 de enero de 2019

Jorge Iglesias: "El desnudo y el sexo siempre han sido controversiales; dan miedo"


En exclusiva, la entrevista con el artista colombiano que vive y trabaja desde la ciudad de Bogotá. Multifacético; se dedica al arte plástico y también le gusta escribir. Aquí nos referimos a sus dibujos y, en especial, a su propuesta erótica donde nos muestra escenas de la vida intima.

Por Camila Reveco
creveco@revistaophelia.com 

Si lo pensamos en términos generales podríamos suponer que el arte es siempre erótico, en el sentido de que hay obras que emocionan o conmueven, que esconden un “secreto”, y eso está muy asociado al deseo. 

Hay en la emoción estética una especie de orgasmo... Pero existe un arte que es específicamente erótico, y que siempre ha llamado la atención de forma especial ¿por qué? ¿qué nos resulta tan tentador?

Pensemos en “Leda y el Cisne” de Miguel Ángel, o en “Mujeres abrazadas” de Egon Schiele, y tantas otras maravillas de la pintura de distintos periodos de la historia.

Pero retomando la pregunta acerca del porqué ver arte erótico es, al menos, llamativo, podríamos suponer, que lo que logra un dibujante, como Jorge Iglesias,  al representar escenas de la vida sexual es, en definitiva, exponernos...

¿Por qué? Porque nos muestra  escenas que forman parte de nuestra vida intima, que pertenecen al ámbito de lo  privado,  pero él las convierte en algo publico y eso genera un efecto un tanto inquietante, de dulce tensión.

Jorge Iglesias entiende que sus "enredos", como los llama, -en los que trabaja desde hace más de dos años-, son principalmente eróticos (no son, según él, sensuales y tampoco pornográficos):

"Yo pongo a mi obra en el renglón de lo erótico: a veces soy explícito, a veces no; a veces soy fuerte, a veces soy suave; pero en la mayoría de mi obra, soy erótico”, dice. 

Son eróticos porque provocan un placer que involucra el cuerpo. Y en la obra del artista colombiano vemos representado el deseo sexual y el orgasmo en mujeres y hombres entregados al placer.

Disfrutan de su sexualidad sin miedo. Disfrutan de un beso, de una caricia, de sus genitales,  de la erección. Avanzan con desenfreno, de la misma forma que Jorge avanza en sus dibujos espontáneos y frescos que se originan a partir de un garabato, de un impulso.  

De su trazo (a veces fuerte, a veces suave) emergen mujeres y hombres poderosos (lo erótico implica poder) pero por sobre todo, emergen personas que son libres.

Y la libertad (siempre) es fiebre.  

lunes, 31 de diciembre de 2018

Claudia Kaak: "Mi pintura captura momentos de turbulencia"


Comenzó a dibujar de niña, estudió arte e hizo un profesorado en historia. “En mis épocas de estudiante devoraba libros sobre arte y visitaba museos”, cuenta. La joven artista alemana centra su atención en la pintura figurativa y se interesa en la representación de todo tipo de emociones vinculadas, siempre, a su experiencia personal.

Por Camila Reveco
creveco@revistaophelia.com

“Los alemanes hablan muy poco de sus sentimientos porque mostrar emociones es visto como una señal de debilidad”, dice Claudia Kaak (Heppenheim, Alemania 1987). Pero ella hace exactamente lo contrario. Su obra está marcada por la auto referencialidad: “Sufro de algunos problemas como estrés post-traumático. Y creo que es importante hablar de eso en mi obra para romper el estigma”, explica y agrega: “Mi trabajo representa muchos sentimientos existenciales y captura momentos en el tiempo de mucha turbulencia psicológica y emocional, que se relacionan a situaciones de violencia y traumas que no son exhibidos de manera explícita”

En su pintura existe un componente altamente psicológico, que convive en una atmósfera meditabunda, casi melancólica. Claudia prefiere que sus obras hablen por ella y, en este sentido,  nos transmite un mensaje muy evocador al insinuar en sus composiciones la complejidad de una mente inquieta:

“Quiero mostrar ese desorden de emociones, no esconderlos. Opino que esconder tus emociones no es bueno ni para las personas como tampoco para nuestra sociedad”.

-Considerando el carácter autobiográfico de tu obra ¿piensas que el arte tiene un lado “terapéutico”? ¿Cura heridas?

-De cierta manera. A veces puede ayudarte a analizar las cosas de una manera diferente porque uno tiene que lidiar con ellas durante el proceso de creación. Depende del tema. Pero no podría decirte que “cura” heridas. No sé si mis heridas se curarán algún día. No puedes “superar” algo que todavía está sucediendo. Pero espero poder aprender a vivir con esas heridas.

Anna Wypych: "Me interesa pintar la condición humana"


Artista polaca de gran reconocimiento, la joven pintora, en una entrevista exclusiva, se refiere a los temas que la inspiran al momento de crear y cuenta detalles acerca de la ciudad en la que vive. Los desnudos que representa son tan sólo “una excusa para exhibir a la mente en su estado más puro”.

Por Camila Reveco
creveco revistaophelia.com

Como lo narra a través de su web, Anna Wypych  (Gdansk, Polonia, 1986) es “pintora, mama, esposa y vive en las orillas del hermoso mar Báltico”. Su trabajo es básicamente realista pero tiene elementos hiperrealistas y surrealistas. En su obra relata historias sobre pensamientos y sentimientos, y de esa forma se concentra en cuestiones muy concretas de comunicación que implican una reflexión sobre el arte.

“Todos saben que la destreza física y la astucia son importantes, pero hay cosas aún más importantes: la determinación, la fuerza de voluntad, ser testarudo y obstinado. Son cualidades que me encanta buscar en las personas para después pintarlas”, dice.

Anna forma parte de la nueva camada de pintores realistas del siglo XXI que, a través de un perfecto dominio de la técnica como base de cada una de sus obras, evidencia lo viva que está la pintura en este contexto tan confuso en donde pareciera que todo es arte.

La historia de Polonia vuelve todo el tiempo a su arte y cultura, y constituye, seguramente, un continuo punto de referencia, un eterno memento. “El arte es una especie de arma en la mano. Separar el arte del amor a la patria es imposible”, expresó el pintor Jan Matejko (1838-1893), el artista polaco más importante del siglo XIX. Nacido apenas un año antes que Paul Cézanne, fue un clásico académico, pero su arte dio forma a la imaginación de muchas generaciones de polacos. No podemos dejar de mencionar las joyas cinematográficas modernas que directores de cine como Roman Polanski o Krzysztof Kiéslowski nos han regalado.

Estamos, sin duda, atravesando un momento crucial marcado por internet y las nuevas tecnologías, que ha generado ventajas magníficas, sin duda, aunque también es válido preguntarse acerca de los riesgos de esta globalización cultural que representa, en definitiva, un desafío para las culturas e identidades de los pueblos. En este sentido, se destaca el especial arraigo que esta joven artista siente por su Polonia natal, que evidencia cómo las estructuras sociales le pueden brindar al artista condiciones determinantes para su creación.

“Se podría decir que somos un poco grises, y eso se puede subestimar mucho, pero es hermoso ver como el gris varía en sus tonos”, expresa Anna y agrega: “Aunque no estoy directamente inspirada por el lugar en dónde vivo, por el simple hecho de vivir aquí, tengo este lugar y su cultura profundamente arraigadas en mis huesos y en mi alma”.



domingo, 30 de diciembre de 2018

Omara Serú: "Siempre vincularé el arte con la belleza"


La suya es una pintura expresiva y colorista. Tiene un estilo distintivo, entre surrealista y folclórico, siempre muy personal. En sus cuadros convive la ingenuidad formal con la sofisticación compositiva. Su infinita curiosidad ha hecho de Omara una artista ecléctica y de gran imaginación: “Tengo varios estilos, no sé cómo llamarlo. Voy incorporando cosas nuevas y mezclando. Me critican mucho a veces la falta de coherencia porque hay trabajos muy distintos entre sí. Yo creo que están unidos… no sé cómo y en qué punto”.

Por Lic. Camila Reveco 
creveco@revistaophelia.com

Omara Serú (Mendoza, 1960) transformó su hogar en un atelier colectivo. Aquellos antiguos dormitorios ahora son talleres para artistas; en donde estaban sus hijos, ahora se encuentran sus colegas. Otro tipo de familia, uno podría argumentar. “Es una casa abierta, una pequeña comunidad diurna” prefiere decir, en tono pausado y sereno. Así es cómo Omara, motivada por un sentimiento tan bohemio como pragmático, desde 2010, supo convertir aquella casa de San José en un espacio para distintas actividades culturales como recitales y, por supuesto, exposiciones; en donde diferentes artistas han encontrado un lugar para trabajar.

El trato con ella es simple, transparente y directo. De carácter reflexivo y a su vez espontáneo, de actitud tranquila y a su vez convincente, siempre supo qué estudiar, siempre supo que quería pintar; y por eso mismo buscó herramientas en la facultad de arte (UNCuyo). Recibida con título de honor, reconoce los “problemas y defectos” de la educación formal, pero también destaca su importancia, sus aspectos positivos, en especial a la hora de construir disciplina: “Te entrena en la constancia y en la presión que tenés que asumir para rendir exámenes, por ejemplo” dice, y agrega: “hay profesores buenos que efectivamente te ayudan a pensar, a desarrollarte, y hay otros que no”.

Lo lúdico es fundamental en su obra; cuando pinta, se permite jugar, imaginar y fantasear. “Eso siempre ha sido esencial para el arte”, comenta la artista, que luego va a detenerse en desarrollar lo que significa, desde su punto de vista, el arte de la pintura, en su sentido más ontológico:

“La pintura tiene cuerpo, sin descreer para nada en el concepto, pero creo que no puede ser lo único, porque de serlo el arte de la pintura se muere, sería otra cosa, habría que denominarlo de otra manera. El arte de la pintura es color, pincelada, textura, todo lo que se ve, todo lo que se toca, todo lo que se siente sin tocar. El cuerpo está presente, al igual que una presencia física, de la misma manera en la que dos seres humanos se trasmiten emociones y se comunican entre sí. Si vos estás con otra persona, tenés una sensación de comunicación indudablemente, y eso es lo que tiene que pasar con la pintura”.

En tiempos donde el discurso del arte contemporáneo y su arsenal de curadores, galeristas y filósofos intentan explicar que al arte ya no le importa la Belleza, que ésta se fue para no volver… Omara Serú, defensora acérrima de lo bello, vincula su pintura con ésta palabra:

“No veo por qué despreciar, menospreciar o suprimir el poder y la fuerza que tiene la Belleza, yo  siempre voy a  vincular ampliamente el arte a la belleza y me parece una magnífica concepción”.

-¿Esta búsqueda por la belleza será inherente a todos los seres humanos?

-Pienso que sí, eso decían los griegos y no creo que estén equivocados. En la actualidad la belleza no es un valor, no es un buen valor, digamos. En general, lo que dicen hoy que es arte no se sabe mucho a dónde apunta, o qué significa.

Dino Valls: "El ser humano siempre ha convivido con lo desconocido"


Dueño de una inquietante pintura atravesada por el estudio del cuerpo el artista -médico de profesión- se refiere aquí a las grandes paradojas que atraviesa su arte.  Se trata de uno de los más consagrados pintores de nuestro tiempo.

Por Abigail Huerta y Camila Reveco 

El pintor español Dino Valls (Zaragoza, 1959) es, sin duda, uno de los máximos exponentes de la figuración contemporánea y, a través de su arte, nos introduce a un dialogo revelador entre lo alegórico y lo poético.

Distanciado de las tendencias contemporáneas, muchas de ellas, pobres en oficio y carentes de imaginación, el español tiene una obra sólida –totalmente alejada de cualquier tipo de  improvisación-. Valls le presta atención tanto a la técnica, como al concepto y lo hace de forma precisa y minuciosa.

“Mi trabajo, mi atención y respeto por soportes y técnicas tradicionales, son sentidos por mí como un deber de honestidad deontológica”, explica.

En su caso, nos referimos a un concepto denso, insondablemente psíquico y a su vez intrigante: sus cuerpos están atravesados por la angustia y el dolor, conviven allí patologías físicas y mentales donde puede olerse una densa atmósfera que incomoda y a su vez interpela.

Al artista no le interesa, de ninguna forma, ser complaciente. Su trabajo es fuerte, intenso, agudo y está vivo, aunque nos haga agonizar  por las “zonas oscuras de (nuestra) mente”. Allí están sus cuadros para recordarnos nuestras propias miserias, nuestras más profundas contradicciones, y para ponernos delante los fantasmas que todos llevamos dentro.



sábado, 3 de noviembre de 2018

Carmen Valle Benavente: "El tiempo está en mi obra; somos memoria"



Ajena al viejo enfrentamiento entre abstracción y figuración, la artista trasandina intenta prescindir  de todo tipo de estructuras. Aquí nos explica su constante búsqueda por representar la espacialidad donde, según ella, transcurre y se manifiesta la existencia.  El suyo, es un estudio acerca del territorio y  de cómo opera en él la memoria colectiva.

Por Abigail Huerta
ahuerta@revistaophelia.com

“En mi trabajo hay imágenes de un tiempo pasado, las cuales se trasladan al presente de forma sutil, ocultas entre machas… es un símil a la historia de mi país siempre velada”. Lo explica Carmen Valle Benavente (Santiago de Chile, 1969) dueña de una obra plagada de colores densos, otras veces cálidos y brillantes, pero siempre de aplicación rápida y efusiva.
Su trabajo se desprende de la objetividad para ver más allá de lo evidente sin abandonar la figuración y con la idea de perseguir siempre el instante. “Busco nuevos caminos expresivos. Me interesa la búsqueda de un lenguaje y de materialidades propias”, dice con relación a  su pintura, porque Carmen además es fotógrafa y trabaja en la docencia.
Ella retrata ese cosmos, el de Chile, y observa de qué modo el territorio condiciona. Así, su obra plantea preguntas que exceden lo geográfico, para establecer interrelaciones entre la historia, la identidad, la memoria, el entorno, lo social y lo político.
Termina de estudiar arte en Concepción y decide dejar de  lado los aspectos formales que recibió por parte de la Academia para establecer lazos con su propia tradición familiar, vinculada desde hace tres generaciones a la fotografía (de abuelo y padre fotógrafos). Carmen recupera su propio pasado y lo traslada al presente para narrar ese devenir del espacio/tiempo donde se mueve el ser. “Disfruto de lo que realizo y lo hago con esfuerzo y trabajo constante”, expresa.


martes, 23 de octubre de 2018

Susana Salinas: "Ser mujer en el arte no es un camino sencillo"



Dueña de un dialogo artístico íntimo donde predomina la visión de lo interior y de la psique, la joven artista mexicana nos evidencia en  esta entrevista el carácter y la búsqueda de su trabajo pictórico; una verdadera oda a la femeneidad: “Me resultan muy atractivas e interesantes las contradicciones de mi yo femenino”, confiesa.

Por Abigail Huerta
ahuerta@revistaophelia.com


Zacatecas, situada justo en el corazón de México, es una ciudad de establecida referencia artística en el país Azteca, llamada cuna natural de artistas; y ha sido  hogar, academia y taller para  Susana Salinas quién, nacida en Querétaro en 1982 se traslada junto a su familia con sólo tres años a este lugar en el que vive y trabaja.
Los ocres, rojos y óxidos han llegado a ser en muchos casos una manifestación reiterada en la paleta de pintores y pintoras de la mencionada región; y Salinas no escapa a esta tendencia: “Mi paleta me elige por lo regular a mí, no hago más que traducir en colores lo que veo en la naturaleza, en mi cotidiano, una tierra colorada y un sin fin de azules que este cielo me permite experimentar”.

Nuestra pintora aborda las circunstancias de la femeneidad en una narrativa emocional de evidente gusto por la  fantasía; pasan a develar sus composiciones elementos figurativos como aves, mujeres y plantas, y también hay espacios de vacío y  objetos físicos de recurrente representación surrealista, tales como hilos, jaulas o ramas. Objetos que tienen una significación más allá del plano material, convirtiéndose su obra, en una verdadera metáfora donde conviven escenas de ensueño y reflexión, angustia e incluso temor.

Nos dice congeniar con el trabajo de realistas contemporáneos como el mexicano  Edgar Noe Mendoza (Durango, 1967)  y a su vez, con expresionistas de lo bello y lo perturbador como Mónica Cook (Georgia, 1974), entre otros. Susana Salinas es una pintora que asume sus influencias, explora a su vez un sello propio, y sabe asumir riesgos: “Creo que el arte está en un constante movimiento, me gusta ir de su mano, probar, arriesgarme…  volver a los espacios de confort y luego desbaratar de nueva cuenta”.
Se trata de una artista que está en constante movimiento y contacto con su entorno, una mujer inquieta e interpeladora de su realidad que mimetiza y recoge en su obra multiplicidad de técnicas; participa e incursiona en diferentes actividades decorativas y manuales sin dejar de ser creadora de las llamadas artes menores. Logra, en cada situación,  cederle otro carácter a su mundo expresándolo de manera subjetiva.
Mencionó la reconocida crítica de arte Avelina Lésper, con motivo de una muestra de la joven artista: “Esta exposición es un reflejo imposible y verdadero de la femineidad, reúne la metáfora en la que las mujeres habitamos, y es la visión sincera y rebelde de Susana la que le da vida”.  Y es cierto.


martes, 16 de octubre de 2018

Ricardo Celma: "Me gusta resignificar el realismo desde Argentina"



El artista se refiere aquí, a la necesidad de pintar y a la búsqueda de un dialogo directo con el espectador. Se detiene, también, en la comunión espiritual que se da en las artes plásticas. Con un sentido agudo acerca de la esencia de la creación, y sin dejar de lado una postura crítica respecto del escenario artístico, opina: “el arte argentino va a ser grande cuando seamos más auténticos y menos correctos para la mirada de las ferias de moda”.

Por Abigail Huerta 
ahuerta@revistaophelia.com

A partir de una compresión amplia, lúcida y firme del arte figurativo, el creador Ricardo Celma (Buenos Aires, 1975) nos narra en su obra realista,  desde lo avasallante del plano  material a los estadios más etéreos, con una fuerza que sólo le puede otorgar ser el poseedor de una  técnica virtuosa y por demás prolija.
Un conocimiento compacto, preciso, le da la facilidad de construir cualquier personaje o escenario; invoca el fuero poderoso de la naturaleza representándolo todo como en la vida misma. Clásico, y en ocasiones irreverente, en su trabajo confluyen  rasgos del romanticismo, roza lo barroco; allí hay belleza, religiosidad y misticismo; y a su vez, puede  increpar al espectador con elementos más contemporáneos, invitándolo a cuestionar esa misma realidad manifestada de manera ineludible.
Admira a clásicos de la talla de Antonio Berni (1905-1981) pero además mantiene interés por la pintura de contemporáneos como Odd Nerdrum (1944); él puede hacer gala de su esteticismo y de la pureza de sus composiciones para dialogar y comunicarse fielmente  con el espectador, conmoviendo esa conexión con lo natural y lo eterno.
Un pintor clásico y a su vez consciente de su tiempo, que evidencia a través de su obra ser un verdadero maestro de la contemporaneidad.

sábado, 13 de octubre de 2018

Llegó Ophelia número 2: Puro deseo


El segundo número de Ophelia está entre nosotros y les confieso que me resulta muy difícil poner en palabras lo que significa este logro, narrar de alguna manera lo vivido a lo largo de este primer año. Es difícil porque uno nunca imagina el recorrido o dirección que toman las ideas o fantasías en el tiempo.

Por Lic. Camila Reveco
creveco@revistaophelia.com
Editora Revista Ophelia



Ophelia nació con una finalidad muy clara: convertirse en un “lugar” para reunir aquellas entrevistas que había realizado -a lo largo de varios años- a artistas de distintas geografías. Entrevistas que habían sido publicadas en distintos medios -por eso mismo- estaban dispersas.

La labor de entrevistar a dibujantes, pintores, escultores, grabadores se llevó a cabo de todas las maneras posibles, ya sea personalmente, por teléfono, a través de Skype, gracias a WhatsApp, diferentes plataformas de chats, mails, y un largo etcétera; y ese trabajo nos permitió -en un momento dado- tener documentados muchos testimonios, tantos como cien.

Cien entrevistas a cien artistas, hombres y mujeres de variadas edades, de distintos países, con diferentes estilos, algunos de ellos consagrados y otros emergentes…

Fue entonces cuando se nos ocurrió que podía ser una buena idea inventar “algo”, una plataforma en dónde compartir esta experiencia. Uso el plural porque esa idea no hubiese surgido nunca de no haber existido una improvisada charla con mi amigo, el poeta, Enzo Ramos Montiveros. ¿Qué hacemos con todo esto? Fue la pregunta que funcionó como disparador. Nos motivó, sobre todo, el hecho de saber que la Feria del Libro estaba por ocurrir en nuestra Provincia y sabíamos que habían abierto convocatorias para presentar propuestas. Alejandro Frías, su director, nos recibió en su oficina, nos escuchó y no dudó en darnos una fecha, un horario y una sala para presentar el proyecto Ophelia públicamente. Eso sucedió, dos meses más tarde, un sábado 30 de septiembre en el Espacio Cultural Julio Le Parc, a sala llena.

Habíamos logrado seleccionar, de todas, diez entrevistas. Elegimos en esa oportunidad las notas de Guillermo Rigattieri (Argentina), Carlos Bruscianelli (Venezuela), Rubén Reveco (Argentina), César Santos(Cuba), Gisela Banzer (Argentina), Héctor Acevedo (Perú), Adriana Villagra (Paraguay), Carlos Concha Vial(Chile), Beatriz García Huertas (Argentina) y Ricardo Fernández Ortega (México). Podía haber puntos en común entre esos artistas o no haberlo, pero nos interesaba – ante todo – destacar los diferentes registros o enfoques de cada artista, sin la necesidad de establecer similitudes entre ellos o su trabajo, ni mucho menos hacer comparaciones. Queríamos hacerlos convivir, poner en valor sus testimonios y abrazar el trabajo periodístico logrado hasta el momento. Y lo logramos.

Tapa Ophelia número 1

Revista Ophelia número 2: edición primavera 2018

El segundo número de Ophelia está entre nosotros y les confieso que me resulta muy difícil poner en palabras lo que significa este logro, narrar de alguna manera lo  vivido a lo largo de este primer año. Es difícil porque uno nunca imagina el recorrido o dirección que toman las ideas o fantasías en el tiempo.

Por Camila Reveco*

Revista Ophelia nació con una finalidad muy clara: convertirse en un “lugar” para reunir aquellas entrevistas que había realizado -a lo largo de varios años- a artistas de distintas geografías. Entrevistas que habían sido publicadas en distintos medios y que -por eso mismo- estaban dispersas.

La labor de entrevistar a dibujantes, pintores, escultores, grabadores se llevó a cabo de todas las maneras posibles, ya sea personalmente, por teléfono, a través de Skype, gracias a WhatsApp, diferentes plataformas de chats, mails, y un largo etcétera; y ese trabajo nos permitió -en un momento dado-  tener documentados muchos testimonios, tantos como cien.

Cien entrevistas a cien artistas, hombres y mujeres de variadas edades, de distintos países, con diferentes estilos, algunos de ellos consagrados y otros emergentes…

Fue entonces cuando se nos ocurrió que podía ser una buena idea inventar “algo”, una plataforma en dónde compartir esta experiencia.  Uso el plural porque esa idea no hubiese surgido nunca de no haber existido una improvisada charla con mi amigo, el poeta, Enzo Ramos Montiveros.  ¿Qué hacemos con todo esto? Fue la pregunta que funcionó como disparador. Nos motivó, sobre todo, el hecho de saber que la Feria del Libro estaba por ocurrir en nuestra Provincia y sabíamos que habían abierto convocatorias para presentar propuestas. Alejandro Frías, su director, nos recibió en su oficina, nos escuchó y no dudó en darnos una fecha, un horario y una sala para presentar el proyecto Ophelia públicamente.  Eso sucedió, dos meses más tarde, un sábado 30 de septiembre en el Espacio Cultural Julio Le Parc, a sala llena.

Habíamos logrado seleccionar, de todas, diez entrevistas. 

Elegimos en esa oportunidad las notas de Guillermo Rigattieri (Argentina), Carlos Bruscianelli (Venezuela), Rubén Reveco (Argentina), César Santos (Cuba), Gisela Banzer (Argentina), Héctor Acevedo (Perú), Adriana Villagra (Paraguay), Carlos Concha Vial (Chile), Beatriz García Huertas (Argentina) y Ricardo Fernández Ortega (México). Podía haber puntos en común entre esos artistas o no haberlo, pero nos interesaba – ante todo – destacar los diferentes registros o enfoques de cada artista, sin la necesidad de establecer similitudes entre ellos o su trabajo, ni mucho menos hacer comparaciones. 

Queríamos hacerlos convivir, poner en valor sus  testimonios y abrazar el trabajo periodístico logrado hasta el momento. Y lo logramos.