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jueves, 7 de febrero de 2019

Karen Pinto Monroe: Voy buscando la mejor manera de plasmar lo que siento

En su obra subyacen figuras de su subconsciente sobre las cuales va dibujando patrones de los tejidos y vasijas indígenas. Con su arte quiere homenajear a la cultura prehispánica. “Mi amor y respeto a mis ancestros mapuches, y a toda su cultura y cosmovisión, me inspiran a la hora de crear”, dice la artista chilena en esta entrevista exclusiva. 

Por Camila Reveco 
creveco@revistaophelia.com 

“Hace más de una década decidí emprender este camino y no me arrepiento“. Lo explica la artista Karen Pinto De La Calle (1979), “Monroe”, que si bien en un principio estudió periodismo decidió  luego volcarse de lleno a la pintura, allí encontró su verdadera pasión: “Me considero autodidacta, ya que voy experimentando y aprendiendo”, comenta y agrega: “Lo que subyace en mi pintura son las emociones. Voy liberando emociones y sentimientos con figuras y colores. Mi obra tiene pedacitos de mi alma”.

Dueña de una pintura visceral y colorida, la gestora y crítica de arte colombiana Gina González expresa que Monroe “juega con la percepción visual y su significado, su paleta colorida y armoniosa rellena la silueta y simula un cubismo étnico muy original y novedoso” y luego añade:

Su obra siempre se ha caracterizado por la plasmación de una estética postmoderna, atractiva, seductora, siempre bañada de colores vibrantes y un toque infantil. Pero en esta esta ocasión da un paso más allá, dibuja encima de lo existente, escribe una nueva historia. 



-Chile es un país plagado de poetas que, a través de la palabra, se han ocupado de narrar su territorio y la forma en que el mismo los atraviesa…

La verdad es que soy admiradora de los grandes poetas de mi país, ellos han dejado un gran legado para los chilenos y latinoamericanos. De cierto modo, además de ser artista plástica soy una poetisa, no tan solo de la palabra, sino al momento de crear mis obras plásticas. La poesía está en mi carne y mi sangre, late dentro de mí. Y es así que cada una de mis obras abarca un extracto de Chile. Mi amor y respeto a mis ancestros mapuches, y a toda su cultura y cosmovisión, me inspiran a la hora de crear.

Es por eso que ocupo diseños de los tejidos mapuches para decorar mis obras. Y toda clase de simbología ya sea aymara o diaguita, etc. La “robo” para colocarla en mis dibujos o en mis pinturas.

-¿Cómo es tu idea de Patria?

Mi sensación sobre Chile es muy ambigua. Por un lado, amo a la gente de mi tierra, al indígena, al obrero, al artista callejero, al agricultor, al pastor, Al pescador, al minero, a la educadora, a la ama de casa. También, adoro su geografía tan diversa y singular. Cada trozo de mi país es rico en cultura y costumbres, con un cálido sol o con mucho frío y lluvia, con abundancia de vegetación o con muy poca, distintos anímales y aves, diferentes frutas de temporada. Esa diversidad es exquisita. Sin embargo, nos une un mismo espíritu… pertenecemos a la nación de la estrella solitaria. Pero también siento tristeza y desencanto por el Chile que ama el capitalismo y que desecha a las personas.

-¿Y cuál es ese Chile?

El que se olvida de los niños, de los ancianos, de los huérfanos, de la mujer que sufre, del pobre, de los animales y sobre todo que olvida su pasado… Me da pena sentir que se valora demasiado el crecimiento económico, pero que no se preocupa de la felicidad o de la moral de los ciudadanos. Me gustaría que un día se acabara el odio entre los partidos de la derecha e izquierda, que la ecología fuera fundamental en nuestra forma de vivir, que los niños se cuidaran y respetaran de manera principal, que las madres fuéramos vista como heroínas, que los profesores fueran tan importantes como los médicos, que la salud y educación fueran gratuitas. También quisiera que en la escuela se enseñara a filosofar, a tener carácter, amor por los adultos mayores, y que toda nuestra riquísima cultura indígena se transmitiera en todos los hogares y colegios. Sé que soy muy idealista y soñadora, pero todas esas mejoras me harían pensar que mi país ha crecido no solo económicamente, sino en integridad, respeto y felicidad.




-Has estado vinculada al ámbito de la comunicación luego te volcaste al mundo del arte ¿Qué intenta “decir” o “comunicar” tu trabajo?

Cuando cursaba el quinto año de Periodismo, tuve la fortuna de ser madre por primera vez (2002) no quise volver a la carrera y cuidé de mi hijo. Pero todo lo que aprendí sobre comunicación me ha servido para mi vida diaria y para mi oficio de gestora cultural. Tengo una gran habilidad para transmitir ideas y para entablar relaciones con personas y artistas de todo el mundo. Además de esas herramientas, poseo empatía por los demás. Me pongo en sus “zapatos”, puedo sentir su dolor o alegría. Esto me ha servido en todos los ámbitos de mi vida. Puedo tener excelentes relaciones con las personas y disfruto mucho de conversar con ellas.

-¿Estudiar periodismo te brindó, entonces, herramientas?

El hecho de haber estudiado comunicación me ha servido a la hora de crear. Entiendo que mi obra muy íntima pasará a ser decodificada por el espectador, mi futuro cliente. Expreso mis emociones y sentimientos a través de mi dibujo y de los colores. Sé que aquello que es mi creación es el mensaje que entrego a la humanidad.

-¿Qué es lo que más disfrutas de la gestión cultural?

Poder dar a conocer el trabajo y obra de mis colegas artistas. Me gusta dar a conocer todos los proyectos que tenemos en las redes sociales. Cuando trabajé como Directora de una galería virtual, pude conocer a fondo la vida y obra de diversos artistas de América y de España. Fue excelente la relación de amistad que surgió con ellos, aún conservo a muchos con los cuales trabajé. Es impagable conocer talentos de todas partes del mundo. Disfruto mucho el hecho de conversar con cada uno de los artistas y ver sus progresos.

-¿Qué balance haces desde ese momento en que tomaste la decisión por volcarte de lleno al terreno de la plástica y el presente? 

Hace más de una década decidí emprender este camino y no me arrepiento. Me dije a mi misma que este sería mi proyecto de vida. Que lo único que amo más, es crear. A mi esposo y familiares les costó aceptar que el periodismo no era lo mío y tuve que hacerme una coraza de hierro para soportar las críticas. Tuve la idea de estudiar Licenciatura en Artes, pero el presupuesto no alcanzaba. Es así que tomé un pequeño curso de un día a la semana de pintura de bodegones, ese fue mi primer paso. No había apoyo en un principio y eso fue como mi motor, ya que soy tremendamente terca (sonríe). Todo lo que vendría después se debió a mi convicción de que siempre me he sentido artista. Me considero autodidacta, ya que voy experimentando y aprendiendo. Voy buscando  la mejor manera de plasmar lo que siento.




-¿Cómo ha sido el camino o recorrido?

Al día de hoy, creo que todo lo que he recorrido, ha valido la pena. Todos los contratiempos pasados, han sido de vital aprendizaje. Todos los aciertos que he tenido, me hacen estar de pie y decirme: “Karen, vas bien, sigue así”. Yo no sería Monroe si no hubiera vivido todas esas experiencias. Hoy estoy feliz y entusiasmada con la vida. Tengo una hermosa familia que me llena más que nada y mi carrera se consolida cada día. Lo que más me ha gustado de este caminar, es saber que hay cientos o miles de personas que aman el arte. Somos muchos los que nos apasionamos con una obra maestra, que suspiramos al ver óleos, acrílicos y pinceles, que disfrutamos de la historia del arte, que a pesar de que las ventas no vayan bien, no queremos renunciar a lo que más amamos:  ¡crear!

-La gestora y crítica Gina González dice que tu obra simula un “cubismo étnico” ¿De qué se trata?

Porque mi pintura va conformada con figuras geométricas yuxtapuestas (cubismo), y dentro de esas figuras, van dibujos que hacen referencia a los diseños y patrones de las culturas prehispánicas (étnicos). Cuando realizo esos dibujos, es mi manera de homenajear la cultura prehispánica. Siento gran admiración por los Pueblos Originarios y por su prevalencia hasta nuestros días. Ellos son los encargados de recordarnos la importancia de su cultura y amor a nuestras raíces y el respeto a nuestro entorno, a los anímales y a la naturaleza en su conjunto ¡Son los guardianes de la Tierra! Una cosa muy curiosa que descubrí el otro día fue conocer el origen de los alebrijes mexicanos, historia que me impactó muchísimo. Siento que mis dibujos son alebrijes en dos dimensiones. Muchos artistas y gestores culturales han comparado mis diseños y patrones de mi obra con los tejidos oaxaqueños. La verdad que para mí, eso un orgullo.

-También escribe: “Sobrescribir o sobrepintar hace referencia a la acción de escribir encima de lo que subyace”…¿qué es lo que subyace?

Gina comenta el hecho que sobre las figuras o dibujos, voy diseñando otros dibujos, por ejemplo, al realizar un gatito, él está formado con figuras geométricas y dentro de esas figuras, va un diseño interior (que también es un dibujo). En este caso es el gato lo que subyace, aunque todo lo sobrepintado llame la atención del espectador.  En mi obra que es abstracta subyacen figuras del subconsciente. Mi pintura es prácticamente automática, voy creando en el momento. No hago bosquejos, es por eso que me considero autómata. Las figuras van saliendo de mi subconsciente, esa es la parte surrealista de mi obra. Por eso mi pintura podría definirse como surrealista abstracta. Luego comienza la etapa de sobrepintar o dibujar sobre esas figuras, y ahí voy haciendo diseños que me encantan. Poseen mucho simbolismo. Lo que subyace en mi pintura son las emociones. Voy liberando emociones y sentimientos con figuras y colores. Mi obra tiene pedacitos de mi alma.

-¿Hay rastros de la Karen niña, del recuerdo de la infancia?

Algo que me hace mucha gracia es el hecho que como artista, me siento una niña. Creo que siempre la que toma el pincel es “Karen niña” que va plasmando colores y formas en el lienzo. Me siento libre en el momento de crear. No hay reglas, todo es un juego, pero un juego apasionante. Detrás de todas esas formas, figuras y colores tan vivos y vibrantes, está oculta una etapa difícil de la niñez y adolescencia. Muchos episodios de dolor y angustia, pero que afloran en forma de mariposas y arcoíris. Lo que no puedes quitarle a un niño, aunque sufra mucho, son los sueños.

KAREN PINTO DE LA CALLE, “MONROE” / BÁSICO

Chile, 1979. Artista visual y gestora cultural . Estudió Periodismo y Comunicaciones en la Universidad del Desarrollo en Santiago, Chile. Se considera artista autodidacta. Actualmente es representante y miembro del Museum of the Americas, Miami, USA. También es representante del Museo El Quijote de madera, fundación en República Dominicana. Se desempeñó hasta agosto de 2018 como Directora de la galería norteamericana Artonlinenow. Hace un tiempo fundó el colectivo chileno PRISMA. Pertenece a APECH, Asociación de pintores y escultores chilenos. Desde diciembre de 2018 es Miembro del Latino Art Museum, California, USA. Es miembro de la Junta Directiva de Moaac, Coopertaiva del Museum of the Americas. Representada, por Impulse Gallery, Houston USA. Fue representada por M.A.D Milán, Italia. Ha expuesto en Chile, Argentina, Brasil, Colombia, Usa, Italia, y Dubai.

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