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viernes, 18 de enero de 2019

Jorge Iglesias: "El desnudo y el sexo siempre han sido controversiales; dan miedo"


En exclusiva, la entrevista con el artista colombiano que vive y trabaja desde la ciudad de Bogotá. Multifacético; se dedica al arte plástico y también le gusta escribir. Aquí nos referimos a sus dibujos y, en especial, a su propuesta erótica donde nos muestra escenas de la vida intima.

Por Camila Reveco
creveco@revistaophelia.com 

Si lo pensamos en términos generales podríamos suponer que el arte es siempre erótico, en el sentido de que hay obras que emocionan o conmueven, que esconden un “secreto”, y eso está muy asociado al deseo. Hay en la emoción estética una especie de orgasmo. Pero existe un arte que es específicamente erótico, y que siempre ha llamado la atención de forma especial ¿por qué? ¿qué nos resulta tan tentador? Pensemos en “Leda y el Cisne” de Miguel Ángel, o en “Mujeres abrazadas” de Egon Schiele, y tantas otras maravillas de la pintura de distintos periodos de la historia.

Pero retomando la pregunta acerca del porqué ver arte erótico es, al menos, llamativo, podríamos suponer, que lo que logra un dibujante, como Jorge Iglesias,  al representar escenas de la vida sexual es, en definitiva, exponernos. ¿Por qué? Porque nos muestra  escenas que forman parte de nuestra vida intima, que pertenecen al ámbito de lo  privado,  pero él las convierte en algo publico y eso genera un efecto un tanto inquietante, de dulce tensión.

Jorge Iglesias entiende que sus enredos, como los llama, -en los que trabaja desde hace más de dos años-, son principalmente eróticos (no son, según él, sensuales, tampoco pornográficos):

Yo pongo a mi obra en el renglón de lo erótico: a veces soy explícito, a veces no; a veces soy fuerte, a veces soy suave; pero en la mayoría de mi obra, soy erótico”.

Son eróticos porque provocan un placer que involucra el cuerpo. Y en la obra del artista colombiano vemos representado el deseo sexual y el orgasmo en mujeres y hombres entregados al placer. Disfrutan de su sexualidad sin miedo. Disfrutan de un beso, de una caricia, de sus genitales,  de la erección. Avanzan con desenfreno, de la misma forma que Jorge avanza en sus dibujos espontáneos y frescos que se originan a partir de un garabato, de un impulso.  De su trazo (a veces fuerte, a veces suave) emergen mujeres y hombres poderosos (lo erótico implica poder) pero por sobre todo, libres.

Y la libertad (siempre) es fiebre.  

lunes, 31 de diciembre de 2018

Claudia Kaak: "Mi pintura captura momentos de turbulencia"


Comenzó a dibujar de niña, estudió arte e hizo un profesorado en historia. “En mis épocas de estudiante devoraba libros sobre arte y visitaba museos”, cuenta. La joven artista alemana centra su atención en la pintura figurativa y se interesa en la representación de todo tipo de emociones vinculadas, siempre, a su experiencia personal.

Por Camila Reveco
creveco@revistaophelia.com

“Los alemanes hablan muy poco de sus sentimientos porque mostrar emociones es visto como una señal de debilidad”, dice Claudia Kaak (Heppenheim, Alemania 1987). Pero ella hace exactamente lo contrario. Su obra está marcada por la auto referencialidad: “Sufro de algunos problemas como estrés post-traumático. Y creo que es importante hablar de eso en mi obra para romper el estigma”, explica y agrega: “Mi trabajo representa muchos sentimientos existenciales y captura momentos en el tiempo de mucha turbulencia psicológica y emocional, que se relacionan a situaciones de violencia y traumas que no son exhibidos de manera explícita”

En su pintura existe un componente altamente psicológico, que convive en una atmósfera meditabunda, casi melancólica. Claudia prefiere que sus obras hablen por ella y, en este sentido,  nos transmite un mensaje muy evocador al insinuar en sus composiciones la complejidad de una mente inquieta:

“Quiero mostrar ese desorden de emociones, no esconderlos. Opino que esconder tus emociones no es bueno ni para las personas como tampoco para nuestra sociedad”.

-Considerando el carácter autobiográfico de tu obra ¿piensas que el arte tiene un lado “terapéutico”? ¿Cura heridas?

-De cierta manera. A veces puede ayudarte a analizar las cosas de una manera diferente porque uno tiene que lidiar con ellas durante el proceso de creación. Depende del tema. Pero no podría decirte que “cura” heridas. No sé si mis heridas se curarán algún día. No puedes “superar” algo que todavía está sucediendo. Pero espero poder aprender a vivir con esas heridas.

Anna Wypych: "Me interesa pintar la condición humana"


Artista polaca de gran reconocimiento, la joven pintora, en una entrevista exclusiva, se refiere a los temas que la inspiran al momento de crear y cuenta detalles acerca de la ciudad en la que vive. Los desnudos que representa son tan sólo “una excusa para exhibir a la mente en su estado más puro”.

Por Camila Reveco
creveco revistaophelia.com

Como lo narra a través de su web, Anna Wypych  (Gdansk, Polonia, 1986) es “pintora, mama, esposa y vive en las orillas del hermoso mar Báltico”. Su trabajo es básicamente realista pero tiene elementos hiperrealistas y surrealistas. En su obra relata historias sobre pensamientos y sentimientos, y de esa forma se concentra en cuestiones muy concretas de comunicación que implican una reflexión sobre el arte.

“Todos saben que la destreza física y la astucia son importantes, pero hay cosas aún más importantes: la determinación, la fuerza de voluntad, ser testarudo y obstinado. Son cualidades que me encanta buscar en las personas para después pintarlas”, dice.

Anna forma parte de la nueva camada de pintores realistas del siglo XXI que, a través de un perfecto dominio de la técnica como base de cada una de sus obras, evidencia lo viva que está la pintura en este contexto tan confuso en donde pareciera que todo es arte.

La historia de Polonia vuelve todo el tiempo a su arte y cultura, y constituye, seguramente, un continuo punto de referencia, un eterno memento. “El arte es una especie de arma en la mano. Separar el arte del amor a la patria es imposible”, expresó el pintor Jan Matejko (1838-1893), el artista polaco más importante del siglo XIX. Nacido apenas un año antes que Paul Cézanne, fue un clásico académico, pero su arte dio forma a la imaginación de muchas generaciones de polacos. No podemos dejar de mencionar las joyas cinematográficas modernas que directores de cine como Roman Polanski o Krzysztof Kiéslowski nos han regalado.

Estamos, sin duda, atravesando un momento crucial marcado por internet y las nuevas tecnologías, que ha generado ventajas magníficas, sin duda, aunque también es válido preguntarse acerca de los riesgos de esta globalización cultural que representa, en definitiva, un desafío para las culturas e identidades de los pueblos. En este sentido, se destaca el especial arraigo que esta joven artista siente por su Polonia natal, que evidencia cómo las estructuras sociales le pueden brindar al artista condiciones determinantes para su creación.

“Se podría decir que somos un poco grises, y eso se puede subestimar mucho, pero es hermoso ver como el gris varía en sus tonos”, expresa Anna y agrega: “Aunque no estoy directamente inspirada por el lugar en dónde vivo, por el simple hecho de vivir aquí, tengo este lugar y su cultura profundamente arraigadas en mis huesos y en mi alma”.



domingo, 30 de diciembre de 2018

Omara Serú: "Siempre vincularé el arte con la belleza"


La suya es una pintura expresiva y colorista. Tiene un estilo distintivo, entre surrealista y folclórico, siempre muy personal. En sus cuadros convive la ingenuidad formal con la sofisticación compositiva. Su infinita curiosidad ha hecho de Omara una artista ecléctica y de gran imaginación: “Tengo varios estilos, no sé cómo llamarlo. Voy incorporando cosas nuevas y mezclando. Me critican mucho a veces la falta de coherencia porque hay trabajos muy distintos entre sí. Yo creo que están unidos… no sé cómo y en qué punto”.

Por Lic. Camila Reveco 
creveco@revistaophelia.com

Omara Serú (Mendoza, 1960) transformó su hogar en un atelier colectivo. Aquellos antiguos dormitorios ahora son talleres para artistas; en donde estaban sus hijos, ahora se encuentran sus colegas. Otro tipo de familia, uno podría argumentar. “Es una casa abierta, una pequeña comunidad diurna” prefiere decir, en tono pausado y sereno. Así es cómo Omara, motivada por un sentimiento tan bohemio como pragmático, desde 2010, supo convertir aquella casa de San José en un espacio para distintas actividades culturales como recitales y, por supuesto, exposiciones; en donde diferentes artistas han encontrado un lugar para trabajar.

El trato con ella es simple, transparente y directo. De carácter reflexivo y a su vez espontáneo, de actitud tranquila y a su vez convincente, siempre supo qué estudiar, siempre supo que quería pintar; y por eso mismo buscó herramientas en la facultad de arte (UNCuyo). Recibida con título de honor, reconoce los “problemas y defectos” de la educación formal, pero también destaca su importancia, sus aspectos positivos, en especial a la hora de construir disciplina: “Te entrena en la constancia y en la presión que tenés que asumir para rendir exámenes, por ejemplo” dice, y agrega: “hay profesores buenos que efectivamente te ayudan a pensar, a desarrollarte, y hay otros que no”.

Lo lúdico es fundamental en su obra; cuando pinta, se permite jugar, imaginar y fantasear. “Eso siempre ha sido esencial para el arte”, comenta la artista, que luego va a detenerse en desarrollar lo que significa, desde su punto de vista, el arte de la pintura, en su sentido más ontológico:

“La pintura tiene cuerpo, sin descreer para nada en el concepto, pero creo que no puede ser lo único, porque de serlo el arte de la pintura se muere, sería otra cosa, habría que denominarlo de otra manera. El arte de la pintura es color, pincelada, textura, todo lo que se ve, todo lo que se toca, todo lo que se siente sin tocar. El cuerpo está presente, al igual que una presencia física, de la misma manera en la que dos seres humanos se trasmiten emociones y se comunican entre sí. Si vos estás con otra persona, tenés una sensación de comunicación indudablemente, y eso es lo que tiene que pasar con la pintura”.

En tiempos donde el discurso del arte contemporáneo y su arsenal de curadores, galeristas y filósofos intentan explicar que al arte ya no le importa la Belleza, que ésta se fue para no volver… Omara Serú, defensora acérrima de lo bello, vincula su pintura con ésta palabra:

“No veo por qué despreciar, menospreciar o suprimir el poder y la fuerza que tiene la Belleza, yo  siempre voy a  vincular ampliamente el arte a la belleza y me parece una magnífica concepción”.

-¿Esta búsqueda por la belleza será inherente a todos los seres humanos?

-Pienso que sí, eso decían los griegos y no creo que estén equivocados. En la actualidad la belleza no es un valor, no es un buen valor, digamos. En general, lo que dicen hoy que es arte no se sabe mucho a dónde apunta, o qué significa.

Dino Valls: "El ser humano siempre ha convivido con lo desconocido"


Dueño de una inquietante pintura atravesada por el estudio del cuerpo el artista -médico de profesión- se refiere aquí a las grandes paradojas que atraviesa su arte.  Se trata de uno de los más consagrados pintores de nuestro tiempo.

Por Abigail Huerta y Camila Reveco 

El pintor español Dino Valls (Zaragoza, 1959) es, sin duda, uno de los máximos exponentes de la figuración contemporánea y, a través de su arte, nos introduce a un dialogo revelador entre lo alegórico y lo poético.

Distanciado de las tendencias contemporáneas, muchas de ellas, pobres en oficio y carentes de imaginación, el español tiene una obra sólida –totalmente alejada de cualquier tipo de  improvisación-. Valls le presta atención tanto a la técnica, como al concepto y lo hace de forma precisa y minuciosa.

“Mi trabajo, mi atención y respeto por soportes y técnicas tradicionales, son sentidos por mí como un deber de honestidad deontológica”, explica.

En su caso, nos referimos a un concepto denso, insondablemente psíquico y a su vez intrigante: sus cuerpos están atravesados por la angustia y el dolor, conviven allí patologías físicas y mentales donde puede olerse una densa atmósfera que incomoda y a su vez interpela.

Al artista no le interesa, de ninguna forma, ser complaciente. Su trabajo es fuerte, intenso, agudo y está vivo, aunque nos haga agonizar  por las “zonas oscuras de (nuestra) mente”. Allí están sus cuadros para recordarnos nuestras propias miserias, nuestras más profundas contradicciones, y para ponernos delante los fantasmas que todos llevamos dentro.



sábado, 3 de noviembre de 2018

Carmen Valle Benavente: "El tiempo está en mi obra; somos memoria"



Ajena al viejo enfrentamiento entre abstracción y figuración, la artista trasandina intenta prescindir  de todo tipo de estructuras. Aquí nos explica su constante búsqueda por representar la espacialidad donde, según ella, transcurre y se manifiesta la existencia.  El suyo, es un estudio acerca del territorio y  de cómo opera en él la memoria colectiva.

Por Abigail Huerta
ahuerta@revistaophelia.com

“En mi trabajo hay imágenes de un tiempo pasado, las cuales se trasladan al presente de forma sutil, ocultas entre machas… es un símil a la historia de mi país siempre velada”. Lo explica Carmen Valle Benavente (Santiago de Chile, 1969) dueña de una obra plagada de colores densos, otras veces cálidos y brillantes, pero siempre de aplicación rápida y efusiva.
Su trabajo se desprende de la objetividad para ver más allá de lo evidente sin abandonar la figuración y con la idea de perseguir siempre el instante. “Busco nuevos caminos expresivos. Me interesa la búsqueda de un lenguaje y de materialidades propias”, dice con relación a  su pintura, porque Carmen además es fotógrafa y trabaja en la docencia.
Ella retrata ese cosmos, el de Chile, y observa de qué modo el territorio condiciona. Así, su obra plantea preguntas que exceden lo geográfico, para establecer interrelaciones entre la historia, la identidad, la memoria, el entorno, lo social y lo político.
Termina de estudiar arte en Concepción y decide dejar de  lado los aspectos formales que recibió por parte de la Academia para establecer lazos con su propia tradición familiar, vinculada desde hace tres generaciones a la fotografía (de abuelo y padre fotógrafos). Carmen recupera su propio pasado y lo traslada al presente para narrar ese devenir del espacio/tiempo donde se mueve el ser. “Disfruto de lo que realizo y lo hago con esfuerzo y trabajo constante”, expresa.


martes, 23 de octubre de 2018

Susana Salinas: "Ser mujer en el arte no es un camino sencillo"



Dueña de un dialogo artístico íntimo donde predomina la visión de lo interior y de la psique, la joven artista mexicana nos evidencia en  esta entrevista el carácter y la búsqueda de su trabajo pictórico; una verdadera oda a la femeneidad: “Me resultan muy atractivas e interesantes las contradicciones de mi yo femenino”, confiesa.

Por Abigail Huerta
ahuerta@revistaophelia.com


Zacatecas, situada justo en el corazón de México, es una ciudad de establecida referencia artística en el país Azteca, llamada cuna natural de artistas; y ha sido  hogar, academia y taller para  Susana Salinas quién, nacida en Querétaro en 1982 se traslada junto a su familia con sólo tres años a este lugar en el que vive y trabaja.
Los ocres, rojos y óxidos han llegado a ser en muchos casos una manifestación reiterada en la paleta de pintores y pintoras de la mencionada región; y Salinas no escapa a esta tendencia: “Mi paleta me elige por lo regular a mí, no hago más que traducir en colores lo que veo en la naturaleza, en mi cotidiano, una tierra colorada y un sin fin de azules que este cielo me permite experimentar”.

Nuestra pintora aborda las circunstancias de la femeneidad en una narrativa emocional de evidente gusto por la  fantasía; pasan a develar sus composiciones elementos figurativos como aves, mujeres y plantas, y también hay espacios de vacío y  objetos físicos de recurrente representación surrealista, tales como hilos, jaulas o ramas. Objetos que tienen una significación más allá del plano material, convirtiéndose su obra, en una verdadera metáfora donde conviven escenas de ensueño y reflexión, angustia e incluso temor.

Nos dice congeniar con el trabajo de realistas contemporáneos como el mexicano  Edgar Noe Mendoza (Durango, 1967)  y a su vez, con expresionistas de lo bello y lo perturbador como Mónica Cook (Georgia, 1974), entre otros. Susana Salinas es una pintora que asume sus influencias, explora a su vez un sello propio, y sabe asumir riesgos: “Creo que el arte está en un constante movimiento, me gusta ir de su mano, probar, arriesgarme…  volver a los espacios de confort y luego desbaratar de nueva cuenta”.
Se trata de una artista que está en constante movimiento y contacto con su entorno, una mujer inquieta e interpeladora de su realidad que mimetiza y recoge en su obra multiplicidad de técnicas; participa e incursiona en diferentes actividades decorativas y manuales sin dejar de ser creadora de las llamadas artes menores. Logra, en cada situación,  cederle otro carácter a su mundo expresándolo de manera subjetiva.
Mencionó la reconocida crítica de arte Avelina Lésper, con motivo de una muestra de la joven artista: “Esta exposición es un reflejo imposible y verdadero de la femineidad, reúne la metáfora en la que las mujeres habitamos, y es la visión sincera y rebelde de Susana la que le da vida”.  Y es cierto.