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domingo, 1 de febrero de 2015

Gonzalo Antón: “El arte actual no habla de belleza y armonía"



Es uno de los artistas argentinos mejor cotizados en el mercado internacional. El joven pintor se refirió a su obra, el arte contemporáneo y la crítica, entre otros temas. 
Expone el 12 de agosto a las 20 en el Sheraton Mendoza. 



Por Camila Reveco
Periodista cultural con especialidad en artes plásticas
camilareveco.mza@gmail.com
Argentina



Gonzalo Antón es un joven pintor argentino, nacido en la provincia de Mendoza en el año 1982. Su universo pictórico tiene cierto carácter de misterio, a veces es desconcertante y ambiguo. Su universo pictórico manifiesta una lucha entre lo abstracto y lo figurativo  a través de una obra dotada de equilibrio.


Se trata de un artista decidido a sacar el máximo provecho de su talento. Un pintor reflexivo, que trabaja con diligencia en formatos de grandes dimensiones. La búsqueda insaciable por la belleza es el pasaporte de toda su obra. 

La crítica especializada, resalta que el joven mendocino se haya convertido en uno de los pintores del país más cotizados en el mercado de arte estadounidense y asiático; y se obnubila por lo mucho que vende y por su presencia en las ferias, subastas y bienales que gozan de prestigio internacional como la última “Art Revolution Taipei”, en Taiwán. 

En la nota, destacamos el trabajo pictórico de Gonzalo Antón y compartimos lo que este creador opina sobre el mercado del arte,  que ha sabido recibir muy bien su propuesta. 

Ese mismo mercado que hoy para el arte es practicamente todo. Tanto, que muchas veces deja de lado al pintor y su obra, que es la que tiene un valor intrínseco e inigualable.

Este, entre otros temas,  conversamos con el artista que accedió amablemente a esta nota. Admite también -y con mucha sinceridad-, que la especulación financiera afecta a varios pintores dueños de una “poesía inenarrable”, como expresa, pero que sin embargo, no tienen lugar en el circuito artístico: “Los criterios de los galeristas son caprichosos”, cierra.


-Se dedica a pintar profesionalmente hace una década ¿Cómo fue esa decisión?
-"Fue una etapa en la que te preguntas que es lo que ocurre dentro tuyo que sentís el deber de expresarte plásticamente... Es una decisión interesante, difícil y que requiere de tiempo. Implica el miedo a que critiquen tu trabajo y debes desarrollar la confianza: “A alguien en alguna parte le va a gustar lo que hago”. 
Es algo muy íntimo y son temas que se hablan muy poco entre los artistas. Diría que el ejercicio práctico es lo secundario. No porque no sea importante, sino porque lo principal es justamente la experiencia interna. 

-Un cuadro suyo fue subastado recientemente en cien mil pesos. ¿Bajo qué parámetros cree que se establece el valor de su obra? 

-En general se establece bajo datos muy concretos. La manera en la que funciona el mercado depende de si un artista es puesto en determinadas galerías, si sus colecciones las ha adquirido determinada gente que “sabe” de arte, que vive en determinadas capitales, si tal artista ha participado en determinadas ferias de arte internacionales… Todo eso es lo que cotiza la obra. Es una relación de oferta y demanda. Una vez que se paga cierto precio por un cuadro, sube el precio del artista. Si una obra es puesta a un precio caro en una subasta, se asume que es su valor.
"Pero hay que separar los ámbitos: la intimidad del taller del artista con su creación es uno; y su inserción en el mercado, arriesgándose a las leyes de la oferta y la demanda, es otro. Puede haber un pintor que hace cosas de una poesía inenarrable, pero en el mercado no se vende el tipo de propuesta que él ofrece, por lo que la obra no tendrá mucho valor". 


-Pero el arte, conceptualmente hablando, no tiene precio...

-Exactamente, pero como el artista debe vivir de su trabajo y debe vender, el mercado lo regula por las únicas leyes que conoce: cuánta gente quiere esto, por cuánto se cotiza, quién lo compró.

"Hay artistas que se vuelven famosos porque Madonna les compró un cuadro y a partir de ahí se cotizan. Es una ridiculez que filosóficamente no tiene de dónde asirse, pero así son las reglas del juego y lamentablemente los que queremos vivir de nuestro trabajo, debemos someternos a las reglas que nos impone el mercado". 

Partamos por el hecho de que es imposible que alguien venga y mida tu poesía interna. 


-Lo que sí se puede “medir” es el precio, y la participación de los curadores es de vital importancia en esa instancia...

-Sí, dentro de lo que es el arte contemporáneo, los críticos, curadores, galeristas, periodistas de arte “miden” pero a veces ni ellos entienden las explicaciones de las obras modernas que se imprimen ahí. Es un ambiente en ebullición -por decirlo de una manera elegante- donde ni siquiera los propios actores del circuito se ponen de acuerdo.
"A partir del siglo XX el arte está en eclosión permanente. La gente no entiende el arte actual, porque el arte actual no habla de belleza y armonía". 

-¿Al espectador le resultan incomprensibles las obras?

-El arte se ha desmaterializado y se ha convertido en algo conceptual, y a la gente se le hace muy difícil relacionarse con eso.
Hay un establishment que produce una especie de “bullying intelectual”, porque si vos entrás a un museo de arte moderno y no entendés la instalación que está hecha, es porque vos no tenés la inteligencia o la educación en arte suficiente para apreciarlo. 
A mí me representó una galería en Miami y yo les planteé mi problema: “Tengo que ser sincero, gran parte del arte contemporáneo no lo entiendo”, les dije. Se miraron entre ellos y susurrándome me confesaron con vergüenza: “Nosotros tampoco”.



-En el imaginario colectivo cuesta encontrar un vínculo entre un artista y un vendedor que sabe relacionarse con gente clave, se preocupa por exponer y posicionar su propio trabajo.

-Realmente es complicado, es un gran desafío. En nuestro país hay mucho talento y no siempre es reconocido. Pero cualquiera que aspire a poner comida en la mesa de sus hijos y que realice una actividad independiente y artística tiene que reconocer que hay una parte logística que es necesario aprenderla y encararla. Uno es un poco presa de los caprichos de un sistema porque hay factores que el pintor no controla. Estos años lo que he hecho ha estado en demanda, pero más adelante voy a seguir pintando y no sé si la demanda va a crecer o no. Algunos años me aceptan en las ferias internacionales y otros no me aceptan. Los criterios de los galeristas son muy caprichosos, a veces del tipo: “Bueno, queremos algo exótico”.

-¿Cumplir con esas demandas garantiza vender?

-Creo que hay que ser muy prudente con ese tema. Si uno vende, no lo tiene que tomar como un símbolo de éxito o de que la obra está madura y es buena. ¿Sabés cuál es el problema con eso? El artista suele juzgar y criticar a partir de sus vivencias personales.

"Cuando no vende, dice que su arte está fuera del mercado porque es demasiado original. Pero cuando vende dice que su obra ha sido validada y reconocida y que ahora por fin es respetada". 

Va cambiando de perspectiva acuerdo a lo que pasa, no hay una línea. 

-Tus pinturas son muy grandes ¿por qué esos formatos? 

-Sí… ¡llevan mucho tiempo! Se genera una desorganización interna y a su vez un placer tener al frente una tela grande. No tiene mucha más defensa que eso. Me gusta cómo se siente, me gusta cómo se ve, me gusta el producto terminado y lo que transmite. Es una experiencia muy íntima. Con los lienzos chicos me falta espacio. Yo de hecho pintaría mucho más grande pero me cuesta encontrar una casa que tenga paredes de cuatro metros de alto (risas). Por otro lado son obras mucho más difíciles de exponer por una cuestión de tamaño y logística. Es más caro y compositivamente si, los lienzos grandes son mayores desafíos. Muchas veces hay un boceto, o una idea rectora o una cuadrícula que ayuda a llevar ideas más pequeñas a una escala más grande. Otras veces no, hay procesos creativos donde uno simplemente comienza y va viendo lo que pasa con esa tela.



-¿Cuáles son actualmente sus desafíos más importantes? 

-Pintar mejor y hacer cosas más valiosas. Hacer cosas que sean más fáciles de apreciar. Que todo el mundo las vea y diga: “Esa es una buena pintura”. Uno siempre tiene la obligación de mejorar y estudiar. Miro muy críticamente mi propia pintura, mucho más críticamente que mis detractores y me doy cuenta de que falta mucho por mejorar.
"Por otro lado yo siento a la pintura como un camino de redención personal por el cual uno trata también de ganarse la vida, pero el aprendizaje más importante es para mí". 
-¿Usted es religioso?

-Yo creo que sí y creo que eso se ve en la obra y que es imposible escapar. Todo el que se enfrenta a menudo con la estética y la belleza se termina preguntando ¿de dónde viene eso? Hay un afán a lo trascendental. Me parece algo natural de la búsqueda personal.

Los que nos sentimos más cómodos con un pincel “buscamos” pintando, otra gente escribirá y otra gente viajará a la India. Uno trata de encontrar el sentido como puede. 


-Su imagen, tan prolija, se aleja del estereotipo del pintor bohemio, el de las películas…

-No me van a ver con la barba impresionista (risas). Hay que permitir la variedad, que es lo que nos enriquece. Yo creo que cada uno se tiene que presentar como es. Si yo me quisiera presentar como un artista loco, con barba y ropa excéntrica no sería yo y se vería forzado. Esa ropa le queda bien al que la usa de manera natural, y está bien que hayan esos artistas con ropas con colores locos y estrambóticos porque expresan su creatividad así.

"También hay que ser sincero: el “underground” tiene el mismo tipo de vanidad que el establishment, sólo que se maneja con otras reglas. ¡Pero es lo mismo!". 


-¿Cómo trabaja el color? 

-Creo que haber visto en personas obras de Raphael y Miguel Angel influyen mucho en ese tipo de colores. Los colores tiene un significado: se asocia la pasión con cierto colores, la violencia con otros. Evidentemeneto Kandisky ha escrito mucho. El azul en Venecia era un color muy difícil de hacer. Por eso muchas veces se pintaba de azul porque signo de opulencia. A partir de las vicisitudes de la historia nos quedan gusto por esas cosas. 

-¿Cómo fue su educación formal? 

-No tengo educación formal en artes, si bien estudié dibujo porque al estudiar diseño tenia terror de que me bocharan, pero la experiencia personal es la del asombro. Yo empecé copiando a los maestros. Estudiándolas, mirándolas, a las cosas que me parecen maravillosas, contemplándolas e imitándolas uno trata de acercarse a ese aroma maravilloso. Después uno espera que eso se haga carne y lo pueda expresar con una poesía propia ¿no?



-¿Dibujaba de chico? 

-A mí me gustaba dibujar de chico pero como a todos los otros chicos. Después evidentemente pasa algo en la educación formal que corrompe. El academicismo francés del siglo XVIII se cortó un poco el modelo de tener un maestro y él te enseñan un oficio y se pasa la educación en donde en vez de aprender lo que estás haciendo se te cuenta que es lo que estas aprendiendo. Pero no lo haces. En cuanto al camino personal es una experiencia interior y de espiritualidad como tenemos todos. Nada más que yo lo que me sale es volcarlo plásticamente a la pintura. 

-¿Cómo vive el momento en el que se encuentra su obra con el espectador?

-Es muy curioso, es un tema muy hondo. Hay casos incónicos como el de Van Gogh que vendió un cuadro en toda su vida, él nunca formo ese "triángulo". Nunca hubo un público para su obra. Creo que el artista no es importante en este proceso. Es solo la excusa para que pase algo más. La obra es la que cobra una personalidad propia que entabla un diálogo con el espectador. El espectador completa ese diálogo.

"Una obra es como una frase a medio decir. La gente lee cosas en los cuadros que uno no puede prever. Y está bien que pase así porque lo pone a uno en una situación de humildad al asumir que no se sabe que va a pasar, ni el efecto que va a causar tu trabajo". 

Cuadros técnicamente impecables y de pésimo gusto, abundan. Lo difícil es encontrar cuadros que nos provoquen algo.




Sobre el artista:

Gonzalo Antón nació en Mendoza el 25 de junio de 1982. Es artista plástico y licenciado en Diseño Asistido con Mención en Multimedia.

Próxima muestra:



Sus gustos: 

Un libro: Das Stunden-Buch (El Libro de las Horas), de Rainer Maria Rilke 

Una película: Ying Xióng (Héroe); de Zhang Yimou

Un cantante: Kirsten Flagstad 

Un disco: “In Tokyo”; de João Gilberto

Una canción: “O Salutaris Hostia”; de Eriks Esenvalds 

Contacto:


Web: www.gonzaloanton.com

NOTA: La entrevista se publicó en el Suplemento de Cultura de Diario Los Andes, Mendoza, Argentina. En el blog presentamos al lector la versión original y completa, sin cortes ni ediciones.






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