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jueves, 7 de mayo de 2015

Carlos Andrés Isola: "El realismo está obligado a redoblar su apuesta"



Entrevistamos al pintor argentino Carlos Isola, radicando en Zapala, provincia de Neuquén y conversamos sobre su trabajo ligado a postales de la historia regional reciente. En ese irrefrenable deseo de dar forma a las cosas y crear belleza, el artista se refiere a su obra y a la rica y variada cultura aborigen que representa en su pintura. 


Por Camila Reveco

Periodista cultural con especialidad en artes plásticas

camilareveco.mza@gmail.com

Argentina

Carlos Isola (1951) nació en la ciudad de Buenos Aires y creció Zapala, ubicada en el centro de la provincia de Neuquén, norte de la Patagonia. Comenzó su carrera trabajando en el departamento de arte de publicidad del señero Canal 3 de tv de esa localidad. Continuó en Brasil, Capital Federal y Tucumán.
Se desenvolvió luego como ilustrador para varios medios de la región y actualmente trabaja para “Caras y Caretas”.
En lo que a pintura se refiere expresa: “Me gusta mucho la obra de Caravaggio porque dejó de lado el manierismo para acercarse más a la fea belleza de lo auténtico, por decirlo de alguna manera”, y agrega: “Mi trabajo podría clasificarse, si es que hiciese falta, como claroscuro. Si bien mis obras tienen una base oscura, busco la claridad en los pequeños detalles en donde se posa la luz unos instantes”.
La obra del pintor argentino Carlos Andrés Isola tiene armonía y equilibrio compositivo. Su trabajo reivindica la cultura de los pueblos mapuches y huarpes y es un ejemplo de laboriosidad e impecable factura. 

- Primero conocí su trabajo como ilustrador, ¿en qué momento “aparece” el pintor y por qué?
- Creo que ‘el pintor’ está siempre atrás de quien por fin se manifiesta como pintor. En mi caso, que comencé como ilustrador publicitario, como todos, no tuvimos otro camino más que la simbología, el sentido de la belleza, etc., están presentes aún en un aviso de yogur, de automóviles o de lencería y ese mismo lenguaje es el que se enseña en las escuelas de cine.

"De todos modos, el pintor propiamente dicho, se manifestó en mí de modo sistemático hace unos nueve años en un momento de necesidad en el que comencé a pintar un paisaje neuquino sobre una bandeja artesanal que desató esa especie de compulsión hacia la pintura". 
- El tema ‘huarpe y mapuche’ es recurrente en su obra, ¿qué le interesa de estas culturas?
- En realidad en casa, gracias a mis padres, siempre estuvo presente el tema en cuanto a territorialidad se refiere; que por lo único que vale la pena pelear con sus “más y sus menos”, es por la integración, por la convivencia y la justicia. Hoy, aquella premisa de que “yo llegué primero” está en crisis y no resiste el menor análisis porque si así no fuere, deberíamos devolverle las tierras que 3.000 años A.C. los acadios le arrebataron a los sumerios en la Mesopotamia. Sin ir tan lejos, actualmente hay una irracional disputa territorial entre palestinos e israelíes, que se cobra vidas inocentes a diario, y que todo indica que se resolverá únicamente con la convivencia.


La avanzada de Roca sobre los pueblos originarios nos deja en el medio de una tormenta a quienes de un color u otro estamos luchando por la integración y sobre todo contra quienes, también de un lado u otro, buscan réditos económicos o políticos.
"A través de mi pintura no pretendo nada más que ofrecer una mirada sobre un Neuquén precolombino desde donde se tienen pocas noticias de la existencia de los araucanos o huiliches y menos aún de los mapuches (de hecho, aprendí en la escuela zapalina que “mapuche” era un idioma más que un pueblo)". 
Los huarpes, un desprendimiento del Imperio Inca, parecen haber llegado a este territorio hace muchísimo tiempo según lo atestiguan hallazgos de más de 2.000 años como “pehuenches” y que fueron, en medio de cruentas luchas, “integrados” a los huiliches en la historia reciente. 

- Los huarpes fueron expertos tejedores de fibra vegetal -totora- y buenos alfareros, ¿qué destaca de su cultura?
- Debo aclarar que no soy un experto en la cultura Huarpe. Ni siquiera mi investigación fue exhaustiva. Mi intención en un principio fue reflejar en una muestra que se llamó “Huarpes” una mirada sobre el Neuquén a “instantes” de la llegada de los españoles. La documentación que pude recopilar me hizo conocer un pueblo amante de las artes, laborioso y con conocimientos de la ingeniería. De hecho Mendoza abreva aún de canales diseñados y construidos por ellos. También se destacaban por su capacidad de negociar. Deduje a partir de Gregorio Alvarez, en su “Historia del Neuquén” la relación entre Pehuenches y Huarpes.
"Se me ocurre que el nombre “Pehuenche” (gente de los piñones), casi peyorativo, fue puesto por los Araucanos; pueblo guerrero que los invadió y aculturizó". 
Es curioso además que como testimonio de su llegada inicial se haya encontrado en Picún Leufú, en una cueva, cestería típica casi intacta cuyo estudio de Carbono 14 la ubique hace más de dos mil años en la región. O tumbas en la Cordillera del Viento, incluso con más edad y características Huarpes. En fin, creo que hay un estudio pendiente que aclare muchas cosas de la historia neuquina.

- Representar pueblos originarios es una especie de furor en América del Norte, ¿le llama la atención que sean tan pocos los pintores de esta zona dedicados a temas étnicos?
- Se me ocurre que, al menos en Neuquén, hay heridas que no se quieren poner al sol y que deben tener su origen en la virulencia de la conquista española y posteriormente en la Campaña del Desierto. Tal vez sea esa la causa. No lo sé con seguridad pero me parece que es una buena oportunidad para que el arte y la cultura aporten su luz.


- Tiene una paleta oscura, ¿a qué obedece esta preferencia? 
- A decir verdad no hubo influencia alguna, al menos consciente. La incidencia de la luz siempre tuvo sobre mí una atracción irresistible que tuve que resignar en mis épocas de ilustrador publicitario. 
"Está instalado en aquel ámbito el concepto falaz de que todo es lindo y bueno bajo la luz omnipresente: ¡como si el amor no tuviese su mejor espacio en la calidez de la penumbra, por ejemplo! "
Comencé a admirar a ese maestro del tenebrismo que fue Michelángelo Merisi: el Caravaggio, quien enfrentó al manierismo viendo que la luz se agiganta y revaloriza en la tiniebla y que las sombras dibujan los cuerpos en lugar de ocultarlos. Cada una de sus obras es una cátedra. 

El artista patagónico junto a una de sus obras

- ¿Cómo es hacer arte desde Zapala? ¿Le ayuda Internet a estar conectado con el resto del mundo?
- Tengo la impresión de que hoy, merced a las comunicaciones, sobre todo a internet, las dificultades para hacer arte no son significativas. Se pueden visitar los museos virtuales y disfrutar de obras inspiradoras casi con la sensación de presencia. La posibilidad de contar con el Museo Nacional de Bellas Artes, sede Neuquén, es también invalorable.
"Además uno dispone casi sin restricciones de cursos y técnicas en la pantalla de su computadora. Hay en Zapala un movimiento plástico interesante con los ‘tradicionales’ y jóvenes que consiguen su lugar". 
Por otro lado, los obstáculos para la circulación de la obra son los mismos aquí que en una gran urbe. En definitiva, tenemos en Zapala una restricción pero que es común a cualquier parte del mundo: desoír a la vocación y nada más.

- ¿Por qué arte realista? ¿Cómo explica la permanencia de este estilo?
- "A fuerza de ser sincero, el poder de observación, cierto dominio motriz, el sentido de la proporción que alguno trae cuando viene al mundo, facilita reflejar la realidad en un papel". 
Recibe estímulo a partir de eso y no concibe el arte plástico de otro modo. Eso es bueno y también es malo. Se empeña en perfeccionar ese realismo, apuesta todo a ello y a veces descuida la creación, más allá de que cada uno deja su impronta en cada obra figurativa y la hace única. Personalmente, pienso que los diferentes movimientos modernos me sacudieron y me golpearon. Cuestionaron lo que yo había estudiado y me había empecinado en hacer y perfeccionar. Son provocativos. Seductores ¡Y enhorabuena que así sean! 
"Obligan al realismo a redoblar la apuesta con nuevas búsquedas, a inventar dioses, dragones, sirenas, gárgolas, santos y alienígenas para este nuevo tiempo". 

- ¿Qué obra propia destaca para ilustrar esta entrevista y cuál es su historia?
- Cierro los ojos y la obra que me sale al cruce es “Triunfo del cáncer”. Una obra que era para quedarse conmigo. La que, pintando, usé de catarsis ante una situación personal límite como es la muerte de un hijo (en las garras de la leucemia). No me gusta especular con esa obra pero tampoco quiero ser deshonesto conmigo, ni con quien sienta por este relato cierta “curiosidad”. Es ésta y basta...: es lo que hay. 
"Lo cierto es que me sentí afortunado porque al menos elaboraba el duelo ‘pinceleando’. Apretando dolor y bronca contra el lienzo con el acrílico de paleta austera como si pudiera impermeabilizar el horror". 
Aguzando los sentidos para retratar lo lindo y lo feo que pueda tener: La vida y su emboscada. La ausencia de Dios y la presencia inocente de la muerte en los trazos de Carlota. La sombra de la impotencia y la soberbia de ese lado de la ciencia arrastrando su mierda y su negocio como un cáncer paralelo. Las respuestas que nunca llegan.
"La horrenda presencia de las alucinaciones que afloran de los remedios para las que tampoco hay paliativos. La cura ‘milagrosa’ del Vinagrillo, pepas de damascos, aloe vera y otras yerbas tóxicamente esperanzadoras. El grito de Andrés. La vejez, de la noche a la mañana, de la madre. El dolor interminable junto al lecho y la resignación de no poder resignarse nunca".

"Triunfo del cáncer", de Carlos Isola, la pintura que destaca para esta nota. 

- ¿Está desarrollando algún proyecto artístico actualmente?
- Lamentablemente, mi trabajo en el área de Comunicación de la Municipalidad de Zapala me lleva mucho tiempo. Creo que estoy de todos modos en una transición del acrílico al óleo que explotará en algún momento. Tengo esa esperanza.


Los gustos del pintor:

Un libro: “El Extranjero” de A. Camus

Música: Cuarteto Zupay, Voces Blancas, Cabernet Vocal y Hugo Díaz

Un disco: Cualquiera de Mercedes Sosa

Una canción: “Malena” de Manzi y Demare

Una película: “Remains of the day” (1993) traducida como “Lo que queda del día” de James Ivory

Una frase: “La estupidez insiste siempre”, Albert Camus

Un hobby: Juntar tiempo.

El pintor. Foto de Mauro Escobar 

Contacto:

Facebook: Carlos Andres Isola

La entrevista se publicó en el suplemento de Cultura de Diario Los Andes (Mendoza-Argentina)

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