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domingo, 15 de julio de 2018

Laura Rudman: "No es bueno conformarse con el trabajo propio"

Todo empezó en un espacio donde lo importante era el desarrollo de la creatividad. Lo demás, lo que se aprende en el camino, sirve como herramienta para llegar siempre a ese lugar; el creativo”, cuenta Laura Rudman, nuestra entrevistada. “Todo empezó” en el espacio de pintura de Adelina Tarditti, “Deli”, querida artista local que falleció el año pasado. Con el tiempo llegarían a la vida de Laura otros Maestros, pero en aquel lugar y con sólo seis años, encontró lo más importante: su vocación.

“Tal vez si los arquitectos se volvieran albañiles / y se juntaran con otros albañiles
y siendo todos distintos  / fueran al mismo tiempo un solo cuerpo,
una misma casa, sabrían entonces colocar ladrillos relacionados entre sí
de tal manera que levantarían  / una casa sin centro con el centro en todas partes”
Luis Villalba, “Fotogramas”

Por Lic. Camila Reveco 
creveco@revistaophelia.com

Los bares y cafés, los patios y las baldosas; las mesas, sillas y tazas de café… los barcos y grullas de papel. Todo es visto por la artista mendocina Laura Rudman desde una experiencia estética, todo está cargado de nostalgia. Cada pintura, es una casa (un hogar) lleno de historias.  “Me inspiro en una palabra, en un pedacito de una canción, en alguna poesía… Está dentro de mí lo que yo quiero decir, lo que quiero hacer. Casi te podría decir que para mí, “artista”, es aquel que se vale del oficio y de la herramienta para expresar profundamente lo que es único, lo que es interior. Toda la obra es un camino para poder desentrañar conceptos e ideas en el papel, en el volumen, en lo que sea”, expresa.

Hija del periodista Julio Rudman y esposa del escultor Leandro Pintos, Laura nos recibió en su casa para esta entrevista exclusiva dónde hablamos sobre la infancia, el tiempo en la Universidad, el oficio, sus Maestros, los temas de su pintura, el arte femenino y la importancia del “otro” para el proceso creativo.




-¿Cómo es vivir en el lugar de trabajo?

-En general cuando viene gente al taller es tan agradable todo que se confunde con una reunión de amigos. Entonces mis hijos (tengo dos varones) tienen que entender que eso es parte de lo profesional. Uno trata en lo posible de no invadir los espacios de la vida cotidiana. A veces se complica, yo vivo y trabajo en la cocina…. Pero trato de guardar, por ejemplo, los materiales en una valija, y despejo. En ese sentido a mí la maternidad me ha ordenado. Cuando me preguntan ¿cuándo tardas en hacer una obra?… bueno, yo trabajo de 8.30 a 12.30, son los horarios de los chicos los que van marcando un horario de trabajo para mí. Lo ideal es intentar cierto orden y la tranquilidad está en saber que ellos ven a sus papas hacer lo que realmente les gusta, que eligieron una profesión y la ejercen, a veces, con más o menos éxito, pero pelean en la que les gusta.

-Es un privilegio crecer en un ambiente creativo…

-Tal cual. Ellos tienen una relación de cotidianeidad con las herramientas de trabajo, las pinturas, los colores… es inevitable. Pero no queremos atosigar e intentamos no condicionar, ni calificar los dibujos que hacen, por ejemplo. Que hagan con libertad y si quisieran ir a aprender, que lo hagan en otro lugar, no con nosotros.

-En tu caso ¿cómo empezaste a incursionar en el arte?

-Yo empecé de muy chiquita en el taller de pintura de Adelina Tarditti. Un taller que hacía mucho hincapié, más que en la cuestión técnica, en el desarrollo de la creatividad. Con Adelina tenía una relación especial, como de madre e hija… ella siempre me decía que yo había sido como su primer parto. Tengo un recuerdo de cuando iba al taller anual de Chiquita… yo era una pintora con diez u once años exitosamente precoz (risas). Recuerdo que en esa exposición mostré una obra que llamaba mucho la atención (un caballo negro relinchando con un cielo detrás de rojos, naranjas… y amarillos). Alfredo Ceverino, en el medio de todas las felicitaciones, se acercó y me dijo que si bien era un trabajo muy interesante, debería probar con que los colores no salieran directamente del pomo. Yo era chiquita para recibir una crítica de esas características y que alguien como Ceverino me dijera algo así, significaba que él creía que yo daba para más. Fue fantástico. Porque eso que me dijo lo entendí después, no en el momento. Pero marcó ese camino de buscar al Maestro que te diga: “Es muy interesante, pero….”. No al que te da la palmada en el hombro.  Eso hoy me pasa con Leandro (Pintos) y con mi grupo de amigas artistas; buscamos lo mismo. La opinión y la honestidad brutal del otro para poder avanzar.

-¿Tu entorno familiar favoreció ese impulso?

-En un principio no sabía si entrar o no a la Facultad de Arte… había terminado la escuela, que eran seis años y te recibías de maestro… Mi mamá (que viene del lado de la física y la matemática) tenía mucho miedo de que me dedicara a ser pintora ¿De qué iba a vivir?…  Entonces me insistía con otra carrera. Mi viejo se dedicó al periodismo. Pero hubo un momento de coyuntura en la familia, porque si bien ellos trabajaban  de lo que se supone “tenes que trabajar” para ganar plata, se fundieron. Tuvieron que sobrevivir económicamente, también emocional y mentalmente. Fue una enseñanza muy grande para todos. Ninguna profesión garantiza nada.



-Entonces entraste a la facultad…

-Sí, y más tarde iba a decidir no terminarla y  ese fue otro gran momento. Porque no iba a tener título. Así que, pobre mi vieja. Lo hice porque necesita verdaderamente a un Maestro ¿no? En la facultad sentí que no había nadie que me estuviera empujando a algo. Me sentía muy cómoda y uno sabe cuándo le están faltando herramientas para crecer. En general me ha pasado que cuando he tenido un maestro que se opone a lo que hago, de esa confrontación surge algo que me hace avanzar en serio.

-¿No te dio miedo “no tener un título”?

-Pasa que vos venís con un ritmo creativo y de repente se corta, justo en un momento de tu vida en donde necesitas que todo explote. No se cómo será ahora la Universidad porque hace mucho que la dejé. Igual entiendo que la educación formal debería dar herramientas y oficio, y la búsqueda de la creatividad debería que ser paralela, pero no menos importante. Saber que si el oficio no está, lo otro no se puede desarrollar. Pero la facultad de artes debería impulsarte a la búsqueda y educarte en esto del dibujo, y de encarar distintas técnicas ¿Cómo hacer, como lograr lo que el impulso creativo te demanda?



-¿Cómo te llevas con la crítica o los comentarios sobre tu obra? A veces es difícil recibir críticas negativas…

-Pueden ser un golpe al estómago. Pero si uno es honesto con uno mismo, respira hondo y ve que del otro lado te lo dicen con amor… Es un ejercicio de aceptación, porque no sale naturalmente. Si estas rodeado de gente que te quiere, hay buena onda.

-Después de ese tiempo en la Universidad llegaste al taller de Carlos Gorriarena ¿cómo fue esa experiencia?

-Fue una experiencia de dos años (2001-2001). Me iba cada un mes a Buenos Aires y me quedaba quince días. La relación con él fue fantástica. Él era un tipo entrañable, tenía esto de la honestidad brutal. Él estaba más allá del bien y del mal, así que no se cuidaba en dar su opinión jamás. Tenía una metodología de enseñanza fantástica, con clases grupales. Su pintura es muy fuerte y muy particular y si bien quería transmitir esto del color y la forma, lo hacía sin que salgan todos de su taller “Gorrianeritas”. Durante el primer año hacíamos ejercicios de color. Trabajaba con una cuadrícula, un sistema en donde había que ir colocando colores, uno pegado al otro y después analizábamos qué sucedía con el color. Casi un año con esa cuadrícula que después te la hacía romper. Así fue como el color pudo ingresar a mi obra. El año siguiente fue de clínica. Había que llevar obra y la analizábamos entre todos.

-¿Pensaste en ese momento quedarte en Buenos Aires?

-Lo intenté. Pero… Buenos Aires y yo no tenemos una buena relación. Uno tiene como nativo del interior esta idea de que para triunfar hay que estar en la Capital. Con el tiempo fui entendiendo el privilegio de estar en este lugar que es Mendoza, un polo cultural impresionante. El movimiento que hay y la asociación natural que sucede entre el vino, el arte… la naturaleza, la contemplación, es como si fuera otro país, otro mundo. Son interesantes los espacios de exposición que hay (Monteviejo, Kilka).



-Espacios que están convocando a muchos artistas figurativos ¿lo ves?

-Sí, sí. Lo veo y veo con mucha satisfacción la aparición de galerías, como Mandrágora y Piazza Galería de arte, y la presencia, en éstos y en otros espacios, de lo figurativo… esa obra hecha con tiempo ¿no? Donde hay un oficio muy cuidado; que se lo tenga en cuenta me parece buenísimo. A mi naturalmente me sale disfrutar del arte figurativo. Sin embargo he visto experiencias de arte no figurativo o conceptual que me resultan conmovedoras. Uno que viene de la “vieja escuela” habla del oficio, de la búsqueda y esto de no quedarse con lo que aparece de forma espontánea, pero hay propuestas para todos…

-Igual el oficio, no debería pertenecer sólo a la “vieja escuela”, su vigencia permite evitar caer en la mera ocurrencia…

-Es importante esto de la “no improvisación”. Aunque de la mera ocurrencia puede circunstancialmente surgir una obra de arte maravillosa, aunque, sí: básicamente creo en el trabajo de todos los días. Mi obra, que tiene mucho de conceptual, la logro  a través del oficio. (no es necesario caer en el purismo del realismo, hay mil maneras de representar la realidad).   Pero hay que trabajar, no hay demasiados secretos.

-¿La inspiración se encuentra trabajando?

-Absolutamente. Cuando logro que lo quiero está genial ser pintora, pero muchas veces las cosas no salen, o no hay suficientes ganas de hacer y ahí es cuando te das cuenta que hay que mantener “actitud de taller”. No se puede perder la continuidad y el compromiso con el trabajo. La persistencia es fundamental. La frase “Que la inspiración te encuentre trabajando”, puede sonar hoy frase hecha, pero no; la dijo alguien que sabía y se dio cuenta que ése era el mecanismo. Hay que buscar todos los días la forma de conectarse mental y espiritualmente con el trabajo, si no es pintando entonces es en la biblioteca entre libros de arte viendo material, o en un café con una libretita anotando ideas…. La cuestión creativa es como el dibujo del electro cardiograma. Yo hago el ejercicio diario de hacer una obra en papel y venderla por Facebook a partir de esta idea que inició Osvaldo Chiavazza hace más de tres años, y ha sido una experiencia fantástica, que no sólo te permite romper con la idea de la elite, sobre todo sirve para estar conectado diariamente al oficio.



-La das un carácter muy nostálgico a tus composiciones y a los objetos que representas

-Yo creo que sí. Hay una cosa que tengo, de enamorarme de hacia ciertos objetos. Parece que hay historias encerradas ahí, hay una cosa literaria, algo escondido en los objetos de antes. Y también sucede en el otro, abre en el otro, en el que ve, evocación de cosas y me encanta generar eso también.

– ¿Necesitas hacer en papel las grullas, los barcos?

-No. Ya aprendí, después de mucho tiempo haciéndolos, como se ven desde muchas perspectivas así que no necesito hacerlos, pero en un principio sí. Ahora es parte del oficio. Ya incorporé esa forma como natural, igual que la visión de una silla desde distintos lugares. Si tuviese que representar este momento entre nosotras, probablemente haría una silla, un grabador y una grulla…  como esta cosa de la idea que circula, que fluye.

– ¿Cómo organizás tu trabajo?

-Trabajo con mucha obra a la vez. Tengo como cuatro o cinco obras empezadas. Voy tomando uno o dos, mientras voy relojeando las otras, y así voy avanzando. A veces encaro tres obras y hay una que fluyó y sale. Suele ser la última que termino. Hay que pelearse con las otras hasta que salgan. Voy construyendo mi obra desde el fondo hacia delante. Suelo generar todo ese escenario primero, para después ir incorporando la historia. Hago un patio y trabajo durante un día en esas baldosas, después al día siguiente, trabajo con las paredes y las puertas, y voy entendiendo que esa historia viene por determinado lugar, así que sé que necesitaré una mesa y dos sillas que están enfrentadas. Y esa mesa y esa silla irán ubicadas en un sitio específico, aunque esa decisión implique tapar la mitad de las baldosas que había hecho en un principio.

-Tu pintura es decorativa…

-Sí. No creo que esté mal  la pintura decorativa.

-No, pero la categoría es usada a veces de modo peyorativo

–Sí, como también pasa cuando se habla del “arte accesible”. Es la misma cuestión. Pero yo lo considero también un ejercicio creativo y no muestro nada en las redes para vender que no me guste. Ahí es donde yo pongo el límite. Si me interesa lo muestro, sino no. Hay distintas maneras populares de entender y hacer arte. Hace algo “decorativo”, o mostrar tu trabajo en las redes con precios accesibles… Uno es al fin y al cabo, un laburante de la pintura.



-Tu pintura no es una pintura moderna, es costumbrista ¿Cómo se entiende que una artista joven se interese en estos temas?

-La herencia de la “escuela”… Como cuando uno hereda gestos de los padres, también hereda de los Maestros. Obsesiones, formas. También esta idea del oficio del que venimos hablando. Mis baldosas, la repetición de los patrones… pasa como con la música, la que escuchamos ahora. Los músicos contemporáneos han tomado el folklore más tradicional y lo han convertido, lo han llevado a un modo de interpretar mucho más actual, más cercano a nuestra cabeza. Creo que está presente en lo mío, la idea de correr el foco de la visión clásica del paisaje o de la naturaleza muerta. Correr, mover un poquito el foco de la cámara. Hay detalles que  pueden darle a una obra  una visión contemporánea. Pero sí, hay allí una forma nostálgica de la pintura, del oficio, de  los colores, esa cosa terrosa que une todo.

-Es interesante esto de  pintar objetos sencillos… Van Gogh fue uno de los primeros en elegir objetos “humildes” de forma sistemática.

-Sí, hacer protagonista a lo más sencillo. Como los ejercicios básicos que están en la naturaleza muerta, en el bodegón. Que los temas no sean grandilocuentes, sino que muestren la sencillez de la cotidianeidad, donde aparece la historia, el cuento. Yo pensaba en Julio Cortázar y el cuento del tipo que se está poniendo un pulóver  y se termina cayendo por la ventana. Pero el cuento entero consiste en un hombre que intenta ponerse un pulóver y en el medio piensa muchas cosas. Un ejemplo de cómo se puede construir un mundo de algo tan cotidiano que podría pasar inadvertido.  Y me ha pasado que en la grulla de papel que aparece sobre una taza de café, alguien encuentra en eso una historia personal. Es fantástico.

-En ese momento el espectador se apropió de lo tuyo

-Exactamente, entonces hay un objeto mínimo que tiene un significado muy poderoso. Mi inspiración parte de la literatura, de la poesía, de la música, yo siento que voy tomando pequeñas historias de otros…

-¿Por qué no hay figura humana?

-Bueno, lo he intentado varias veces. He ensayado con algunas sombras que aparecen en el patio y eso me parece más interesante, pero la figura todavía no está resuelta. Pienso que si incluyo figura humana, se entendería que la obra cuenta algo sobre la vida de tal figura. Por ahora, no va a aparecer, pero no sé qué ocurrirá después. Uno no debe conformarse con su trabajo; si ocurre, no se crece.

-¿Crees que hay un arte femenino?

-Si. Creo que hay un arte femenino. Hay una cuestión de herencia ancestral que se lee en las obras de las mujeres, atravesada por características personales. Pienso en las artistas del grupo del que formo parte, y creo que hay un hilo allí. Pero hay un hilo tanto en la obra finalizada como en el abordaje de la misma.

-¿Y qué elementos forman ese hilo?

-Las mujeres nos reunimos. Yo he hecho muchas obras pensando en eso, en las rondas de mujeres. Desde las brujas, que se juntaban a danzar, hasta las tejedoras. Nosotras nos juntamos a hablar, a compartir. Tejemos lo cotidiano, la profesión. Es distinta la juntada masculina. A nosotras nos interesa conectar, unir. Cuando los varones se juntan, aunque uno de ellos está mal, la idea siempre es divertirse. Cuando se juntan las mujeres aparece el hilo, el tejido. No sé qué haría yo sin mi grupo de mujeres artistas.

-Si bien el trabajo del artista plástico es solitario, no deja de ser importante el grupo… 

-Absolutamente. Por momentos hay una intensidad creativa y de trabajo impresionante y por otros, una depresión que sobretodo suele suceder después de un periodo creativo muy provechoso y floreciente. Suele haber una baja. Entonces ahí te agarrás de otro que empuja, pero en otro momento sos vos el que empuja. Ahí es importante la idea del grupo. Con las artistas que me junto, venimos de lugares diferentes. Con Paula Dreidemie hay afinidad porque ambas trabajamos, pero Sandra Varroso viene de lo textil, del collage, mientras que Gabriela Romero viene de la escultura, la joyería. Siento  placer y admiración por lo que hace cada una, se produce una retroalimentación que nos sirve. Esto de “nos juntamos tal día para ver trabajos”, es estimulante.  Compartir el trabajo de taller con otros es fantástico… Crear con otro, como hacen los músicos.

Laura Rudman / Básico:

Nació en Mendoza, Argentina en 1975. Egresada de la Escuela Nacional de Bellas Artes. Estudió en Buenos Aires con Carlos Gorriarena. Sus obras integran colecciones privadas en Argentina, Chile, México, Reino Unido, Alemania, Estados Unidos, Puerto Rico, Ecuador, Finlandia y España. Vive y trabaja en Russell, Maipú.


Transcripción a cargo de Julián Reveco 
Asistente de redacción
jreveco@revistaophelia.com


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