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jueves, 7 de mayo de 2015

Rocambole: El trazo redondo del rock



Su arte está en las remeras, los colgantes y los murales. Late en cada disco de los Redondos de Ricota. Es el ícono gráfico de toda una generación. “Mucha gente se autotitula ‘artista’ y yo no quiero ser como ellos”, dice. 



Periodista cultural con especialidad en artes plásticas
camilareveco.mza@gmail.com
Argentina

Se encargó desde el comienzo de la estética visual de una de las bandas más grandes de la historia del rock nacional: Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Cada disco lleva consigo una imagen inconfundible del artista plástico José Ricardo “Mono” Cohen (1943) o simplemente Rocambole.
Su trabajo siempre se mantuvo lejos de los museos y galerías, no se lo ve en las snobistas ferias de arte contemporáneo, tampoco ha sido explicado por ingeniosos curadores, ni mucho menos ha cotizado en cifras descomunales de dinero.
Pero paradójicamente su trabajo es reconocido, querido y apropiado por cientos de miles de fanáticos que llevan sus imágenes reproducidas en remeras, calcomanías, colgantes, pósters e incluso tatuajes. Muchas son murales callejeros. Rocambole es un verdadero artista popular: nunca perteneció al establishment, ni integró circuitos frívolos de supuesta de vanguardia. 

“Veo muchas veces al arte contemporáneo reproduciendo situaciones que se dieron hace más de noventa años con los dadaístas. Y veo mucha gente que se autotitula ‘artista’ y que yo no quiero ser como ellos”, piensa. 

Rocambole estudió primero serigrafía y luego dibujo en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional de La Plata; leyó desde muy chico a Pierre Alexis Ponson du Terrail, el escritor francés autor de una serie de relatos “Las hazañas de Rocambole” (un ladrón que era muy malo pero que luego se vuelve bueno), y de allí su seudónimo.
Ahora, gran parte de su obra, que tiene cincuenta años de trayectoria, se recopila en “Rocambole, arte, diseño y contracultura”, una publicación que se realizó por el sistema de autofinanciación “crowdfunding”, a partir del aporte de los propios fans. Incluye material inédito y textos de músicos, escritores y periodistas. Se consigue sólo a través de su sitio web. 


-Estás presentando un libro que reúne tu obra como ilustrador y diseñador. La gira incluye varias ciudades del país, ¿contemplás visitar Mendoza?

-Mendoza está en la mira de las presentaciones de este año. Solo falta concretar algunos detalles de logística y organización con gente que conocemos. El año pasado estuve en el Centro Cultural Julio Le Parc dando charlas sobre diseño gráfico musical, envases de discos, etc. Recibí una cálida acogida por parte del público mendocino como en anteriores visitas.

-¿Cuál es la historia de la imagen del esclavo que ilustra la tapa de tu libro? 

-“Esclavo con cadena rota” se trata del clásico tema de la obra hecha sin mucho pensar, un poco a las apuradas, y que, con el paso del tiempo se transforma en la más reconocida por el aprecio de la gente. La realicé para un aviso en diario de una presentación de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota en el estadio Obras de Buenos Aires a mediados de los 80.


Me la pidieron con mucha premura el mismo día que el suplemento de rock del diario cerraba su recepción y con esa premura tuve que realizarla improvisando con corrector blanco sobre una cartulina negra. Con el paso de las semanas el público “ricotero” la fue adoptando en banderas, luego en remeras y comenzó a ser algo así como un símbolo icónico. Mas tarde, por pedido de la gente, la tuve que incorporar en el rediseño que realicé para la carátula del disco “Oktubre” de los Redondos en su versión en CD, ya que para el vinilo no existía aún. Pasó más tiempo y comencé a verla, ya no solo en los escenarios de rock, sino en muchos espacios diversos. Paredes, imágenes políticas, calcomanías. Amigos que ejercían docencia en institutos carcelarios me contaban que era el tatuaje mas difundido entre aquellos que estaban privados de su libertad. Otros amigos que han viajado y viajan fuera del país supieron enviarme fotografías de los rincones del mundo donde pudieron encontrar la imagen del esclavo aplicada de diversas maneras. Es por eso que suelo decir que ese dibujo no me pertenece. La gente se lo apropió.


-¿Qué contiene el libro? 

-El libro contiene imágenes de los diversos caminos de la expresión visual en los que, a lo largo mi vida, me he visto involucrado. Historieta, dibujo, pintura, mural, ilustración, diseño y, hasta se menciona una instalación monumental hecha en una plaza de la ciudad de La Plata. No están ordenadas cronológicamente sino por rubro técnico. Sobre todo se pueden encontrar en este volumen abundantes bocetos. Un poco he querido mostrar los procesos creativos que me llevaron a diversos objetivos expresivos. Sería como la cocina de algunas producciones. Como las imágenes nos parecían un poco huérfanas en la blancura de las páginas hubo que acompañarlas con textos de quienes quisieron intervenir: músicos, periodistas, poetas y críticos reunidos en amable amistad. Están los “Tres migueles”: Miguel Cantilo, Miguel Rep y Miguel Grimberg y también los periodistas Natalia Famucchi y Oscar Jalil. Poetas y escribas como Horacio Feibelkorn y Carlos Mammini. Músicos también como Diego Boris

Todo un palo, ya lo ves…

-Te conectaste con la estética ricotera a mediados de los 70, cuando ellos no eran conocidos. ¿A qué integrante de los Redondos conociste primero? ¿En qué circunstancia?

-Conocí a la “Negra” Poli cuando éramos adolescentes en las calles de la ciudad de La Plata. También en la misma época a Iche Gómez. Supe de Skay y sus hermanos, Guillermo y Daniel cuando, volviendo de Europa, en 1969 encallaron en la casa de La Cofradía de la Flor Solar. Roberto Fenton ya estaba en la Cofradía. Mas tarde conocí a Quique Peñas, Elios López Torres y a Basilio Rodrigo con su hermanito Riky. 

-¿Y al Indio?

-Al Indio Solari lo conocí último, en 1972 como un amigo de Guillermo Beilinson. Y así se fue sumando gente a proyectos musicales y cinematográficos que coagularon en 1976 como una entelequia amorfa que mas tarde se llamaría Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. En comienzos e los 80 cuando parte del grupo se muda a Buenos Aires fui conociendo al resto de los músicos que fueron desfilando a lo largo de su historia. La estética visual del grupo la fui desarrollando desde antes que se constituyera como tal, ilustrando afiches y volantes de grupos musicales que Skay armaba y desarmaba. En 1983 siendo ya una banda con nombre y apellido vino el tiempo de grabar un disco. Poli entonces me conminó a responsabilizarme por el envase. Fue a partir de ese hecho (que debo agradecer) donde mis trabajos de imagen comenzaron a tener una difusión jamás soñada por mí.


-Juntos intentaron reunir poesía, música e imagen. Un proyecto que hoy se llamaría multimedia ¿cierto? 

-Ya en épocas de La Cofradía de la Flor Solar pensábamos que un disco no tenía que ser solo un paquete de canciones. El hecho de comenzar la gesta de cantar en castellano el rock que se producía en estas tierras propuso que las letras de esas canciones tuvieran contenido y si ese contenido incluía poesía tanto mejor. Que la parte grafico-visual expresara y completara esa fusión fue solo un paso. Nunca creí que el diseño de comunicación visual sea un “servicio” como algunos lo piensan, sino que la intención comunicacional que propone el diseñador es la que termina de completar una obra quedando un todo indisoluble. De ese modo nunca me propuse “ilustrar” o “interpretar” una forma poética- musical porque sería una redundancia.

-Tu trabajo está reproducido en infinidad de objetos ¿Qué te genera? 

-El hecho de ver mis dibujos aplicados en miles de maneras por las calles, remeras, tatuajes, banderas me suscita emociones diversas. Por un lado la inevitable satisfacción del realizador que ve sus obras reproducidas por miles. Y por otro lado, una extrema curiosidad por saber que condujo a que esas imágenes fueran aceptadas y demandadas con tanto aprecio. Se trata de una banda que tuvo tan buena música tocada con tanto fervor y calidad; con un cantante con tan buena voz y expresión; con una poesía de altísima calidad, digna de figurar en la historia de las letras argentinas; y encima esa banda recorrió el camino de la independencia con respecto a las corporaciones… es obvio que si todo eso era acompañado por algún trabajo gráfico de cierto interés, la propuesta visual tendría un grado de aceptación. Pero el grado de esa aceptación fue tal que me hace caer en otras interpretaciones más irracionales. Creo que todo fue, en muchos sentidos, más “mágico” de lo que creemos.


-“Luzbelito” cumple el próximo año veinte años ¿Qué recuerdos se te vienen? Se trató además del primer disco en ser vendido sin la tradicional caja plástica de los CD de audio, muy novedoso para la música popular en ésa época ¿Cómo surgió la idea? 

- Si bien el pequeño álbum “Luzbelito” fue una bisagra significativa dentro de la producción de envases para discos compactos, no fue el primero. Recuerdo que con anterioridad pude apreciar un CD de Pajarito Zaguri. Era una pequeña caja de pizza en cartón y que hasta tenía una mancha de grasa debajo del disco que simulaba la pizza. El proceso de la fabricación de los envases para este disco fue toda una aventura, sobre todo para los técnicos gráficos de una pequeña (en ese momento) imprenta de la ciudad de La Plata con la cual me había empecinado en que realizaran el trabajo. Fue un poco loco para todos hacer doscientos mil pequeños álbumes que simularan esos antiguos donde en la época de los discos de pasta se guardaba la música clásica. Como colmo de la cuestión, a último momento se me ocurrió que en la carátula del disco tendría que haber un holograma que representara la imagen de una escultura que había realizado en arcilla como símbolo de Luzbelito. No pudo ser esa idea porque las matrices holográficas solo se hacían en Estados Unidos en esos tiempos. Pero fue reemplazada por la misma imagen en relieve por medio de un cuño o matriz con la forma. 

-¿Cuál es la canción que más queres de Luzbelito?

-El tema que más recuerdo de ese disco es “Blues de la Libertad”.


-Te has sumado a los proyectos de Miguel Cantilo, Claudio Gabis, Los Tintoreros, El Otro Yo, La Bersuit, entre otro... ¿Qué opinás de la escena del rock nacional? 

-La escena del rock local la veo un tanto congelada con algunos destellos que aparecen en este momento desde la vecina orilla uruguaya. Me atrevería a pensar que el futuro estaría más bien en la fusión de géneros. De todas maneras para mí el rock es algo mas que un género creo, que existe un “espíritu del rock” y ese no morirá jamás.

-Has dicho en algunas oportunidad que te declarás un “laburante de la imagen” y de ninguna manera un “artista” ¿Qué connotación tiene para vos esa palabra?

-Tomo distancia de la palabra “artista” porque la encuentro muy manoseada. Para mi pensamiento el artista es aquel que crea un nuevo lenguaje pateando el tablero de lo que está aceptado. Prefiero denominarme con la actividad que me caracteriza que es la de dibujante, un productor de imágenes que no produce ninguna ruptura en los procesos del arte aceptado. 


-De tu admiración por la historieta y el folletín nació tu seudónimo ¿Crees que la historieta argentina ha sufrido una especie de “bajón” si la comparamos con la época de los 80?

- La historieta argentina que fue furor en las décadas de los ´40 y 50 y objeto de culto en los 60. Dejó de ser negocio editorial hace 20 o mas años, quizás reemplazada por la era de las pantallas. De todas maneras sigue viva y existiendo como forma aceptada de arte, sobre todo en las culturas urbanas alternativas. Muchos jóvenes la mantienen viva por medio de fanzines y otras formas de expresión del dibujo de arte.

-Siempre te ubicaste dentro del ámbito del arte “popular” oponiéndote al arte “serio” ¿Cuál es la diferencia?

- A lo largo de la historia contemporánea las determinantes económicas y los juegos de poder han condicionado las expresiones humanas; la producción artística. Un condicionamiento decimonónico fue la división “artes mayores o cultas y artes menores o populares. Dentro de lo culto se encontraron las actividades “elegantes”: la opera, la música académica, la música de cámara, los coros, el arte plástico de los salones, el teatro de sala, salones literarios, en fin lo que estaba adentro de ámbitos aceptados. Y para el resto quedó la calle: lo popular, la música folclórica, gitana, o para bailar como el tango, los folletines, los novelones, la historieta, el cine en sus primeros tiempos… más tarde la fotonovela, la radio novela y la telenovela. De más está decir porque parte me inclino.

Algunas pinturas:







FICHA:

Nombre: Ricardo, Mono, Rocambole
Edad: "incalculable"
Fecha de nacimiento: "Cada 150 años nace una reencarnación de Rocambole. De la última prefiero no hablar".




GUSTOS:

Un libro: Trópico de Cáncer de Henry Miller
Un grupo de música o solista: El "Sergio Poly ensamble"
Un disco: "Chip Trills", Janis Joplin
Una canción: “Ella no vino hoy”, La Cofradía de la Flor Solar
Una película: "Blade Runner" de Ridley Scott
Un hobby: Carezco de tiempo para tenerlo

Algunas ilustraciones:





Imágenes reproducidas en infinidad de lugares de todo el país por seguidores de la banda de rock Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, fenómeno de multitudes:












La entrevista se publicó en el Suplemento de Cultura de Diario Los Andes (Mendoza-Argentina) y en este blog presentamos la nota completa, sin corte ni ediciones. 


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