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martes, 14 de marzo de 2017

El artista del día: Mildred Burton - Argentina


Nace en Paraná, provincia de Entre Ríos, en 1942. 

Estudia música, pintura, grabado y dibujo en la Escuela Provincial de Bellas Artes de Entre Ríos. Luego se traslada a Buenos Aires y se especializa en la Escuela Superior de Bellas Artes “Ernesto de la Cárcova”.

A lo largo de su trayectoria artística, Mildred Burton incursiona en varios géneros de producción plástica. Realiza pinturas, dibujos y objetos. 
En 1979, integra el grupo Post-figuración, junto con Diana Dowek, Norberto Gómez, Alberto Heredia, Jorge Alonso y Elsa Soibelman.

 

Siempre hizo de su virtuosismo un uso irónico y juguetón que le sirvió para ganar más de cuarenta premios a lo largo de los últimos treinta años. De abuela alemana y padres irlandeses, su niñez y adolescencia fueron una colección de rigores y mandatos que luego aparecen como nítidos estigmas en cada obra.





Su relación con el lenguaje tiene la misma estructura que la de sus cuadros: toda afirmación se niega, toda certeza se corrige, todo control, en un punto, se pierde. Ella va construyendo el relato de su vida a través de una narración en la que se confunden ficción con memoria. (Fuente: Perfil)



La larga trayectoria de Mildred Burton muestra su tendencia a sorprender con algún detalle, a menudo, tan inesperado como cruel. Algo de niña traviesa preside su fantasía, en la que abundan los recuerdos y las lecturas infantiles que, a la larga, terminan por manifestarse con elocuente insistencia. En ese sentido, impone lo retrospectivo desde el mundo de las ensoñaciones que oscilan entre la fantasía y la realidad.



 

Dispuesta a fabular, como en los libros que guardan la sorpresa para el final, representa escenas cuyo remate asegura su interés con súbitas revelaciones. Se recorren sus obras sin sobresaltos hasta que, de pronto, aparece algo extraordinario.

Escondida entre una frutas, unas flores o cualquier otra cosa, una discreta señal descubre que nada es inocente como parecía al comenzar. Un pormenor inquietante atrae la mirada y lo que en principio había pasado inadvertido se transforma en el foco de atención. Ya no es posible apartarse de ese "detalle" que altera todo. (Fuente: La Nación)


Las técnicas son variadas; hay dibujos, pinturas, collages y procedimientos mixtos entre los que se dispersan los temas, tan diferenciados entre sí como aquéllas. El nexo reside en el tenor ocurrente, que suele sobresaltar aún al espectador más prevenido. Las influencias provienen de tiempos y corrientes diversas. 


“Yo creo que en mi obra estoy siempre riéndome, jodidamente. Sé que del ser humano se puede esperar lo peor, pero al mismo tiempo tengo una enorme piedad”

“Todos mis cuadros nacen de un relato anterior, que escribí previamente. Siempre me gustó escribir y varias veces voy a buscar ideas para un cuadro en esos apuntes: tengo más relatos que pinturas. La literatura me interesó desde chica. Mi gran amiga de toda la vida fue Luisa Mercedes Levinson. Ella siempre decía que si hubiera sido pintora habría pintado mis cuadros y yo le decía que de haber sido escritora, hubiera escrito sus libros. Nos sentíamos iguales, gemelas. También me fascina cierto mundo de Cortázar, de Borges y de Alejandra Pizarnik, con quien teníamos una amiga común: Leonor Calvera. A mí, en general, los poetas me aburren, pero Alejandra no”.

“Yo convivo con lo terrible y con el miedo. Vivo sola en una casona terrorífica de la Boca. Creo que vivo siempre cerca de un abismo que al mismo tiempo me atrae. Antes tenía miedo de caer en ese abismo, pero después de ciertas cosas que me tocó vivir aprendí que no hay abismo en el que pueda caer, salvo aquel en el que yo decida saltar. Me ocurrieron cosas tremendas, pero soy resistente. De los cinco hijos que tuve perdí a dos. Yo me solazo en ese mundo terrible. En cierto modo ese mundo tiene contactos tangenciales con el de Aída Carballo, que fue una de la artistas que me apuntaló, junto con Berni y Roberto Aizemberg, cuando yo empezaba. Ella me largó al ruedo. Con Aída tuve una relación muy especial; me protegió y yo tenía la sensación de que me quería salvar de algo. Aída siempre estuvo cerca de la muerte y de la locura, y se esforzaba para que yo no ingresara en esas zonas. Yo también caminé al borde y estuve internada en varios centros de salud mental con diagnósticos varios: desdoblamiento de personalidad; síndrome esquizoide, paranoia... Creo que todos somos muchas personas al mismo tiempo y que nos comportamos de distinta manera, según quién tengamos enfrente. Lo peligroso es cuando eso se te escapa. A veces pienso que puedo terminar en la locura total y en el suicidio. Cuando llega la noche y estoy sola en casa, con todos mis perros, antes de que el sueño me venza siento que entro en la tragedia. Tengo pesadillas espantosas y vivo en un mundo paralelo insoportable. Mi sueño es un infierno todos los días, hasta que logro salir a las seis y media o siete de la mañana y voy a pasear a los perros. Antes podía no dormir, pero ahora me canso más. Cada día lo termino hecha pedazos y mi vida consiste en manejar los pedazos. Sé que tengo un cierto grado de locura, pero lo enfrento”.(Mildred Burton en una entrevista para Página 12 en mayo de 1998) 



Sus nietos Martín, Alejandra, Maia y Romina no dejan de contar anécdotas de esta mujer diminuta que usaba trajes increíbles, que adoptaba perritos y gatos de la calle, que fue dada por muerta al estar ausente por un par de años, que hacía trueques de dibujos y pinturas por comida o servicios, que era una verdadera performer y que ante todo respiraba vanguardia.


Diana Dowek y Mildred Burton 



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