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lunes, 2 de febrero de 2015

Félix Pablo Villagra: Engranajes en acción



El artista argentino, nacido en Córdoba y radicado en Neuquén, centra su obra en los mecanismos de funcionamiento de la humanidad. En esta entrevista habla de sus influencias, de los problemas de la creación y del protagonismo que ha tenido la imagen en la historia del hombre.

Por Camila Reveco
Periodista cultural con especialidad en artes plásticas
camilareveco.mza@gmail.com
Argentina

Quien recuerde la genial escena de la película “Tiempos Modernos”, de 1936, en la cual Charles Chaplin, el protagonista, es atrapado por los engranajes de una gran máquina, no podrá dejar de relacionar ese momento con la obra del pintor argentino Félix Pablo Villagra. 

Esos engranajes que permiten el funcionamiento de las máquinas siguen vigentes y son la forma y el contenido de la obra de este artista cordobés, radicado en Neuquén hace más de 20 años. 

“En realidad -explica- llegué a Neuquén en 1988, estuve un tiempo y me fui, luego me radiqué definitivamente en 1990. Soy maestro ayudante de taller en función de bibliotecario en la Escuela Provincial de Bellas Artes”.

-¿Reconoce algún tipo de influencia es su obra?

-No, al menos en la última muestra que realicé en Buenos Aires. La temática fue una cuestión de preferencias, me gustan los fierros. También he hecho esculturas con chatarra y piezas mecánicas que me han posibilitado ganar algunos premios.

-En sus pinturas el color tiene un protagonismo muy fuerte...

-Sí, así es, y también en los dibujos que actualmente realizo. Hay un límite que está un poco borroso, últimamente. Antes el dibujo tenía que ser blanco y negro o sepia. Hoy los límites -entre la pintura y el dibujo- están muy difusos. Es más, en esta futura serie voy a incluir un color.


-¿Con qué materiales trabaja?

-Uso acrílico artístico y fondo texturizado. En pinturas anteriores todas las formas tenían el mismo tipo de textura, lo que no me convencía. Para la serie “Engranajes”, en cada zona usé una textura diferente. Cuando uno se acerca al cuadro ve que los engranajes, el contorno y el fondo están tratado de un modo diferente. Eso permite que se pueda jugar con el color y con la forma.

-Llama la atención lo unificado de la serie. No sólo en la medida de las pinturas, sino en los objetos que la componen ¿Cómo se prescinde incorporar otro elemento; otro actor en escena?

-La elección de un formato uniforme es para que cada uno de los cuadros tenga una identidad propia pero -además- una relación con el otro. También que tengan que ver con esta cuestión tan importante que es lo mecánico, lo seriado. La medida me permite moverme dentro del cuadro con las particiones internas. Todo el esqueleto interno que tiene, que es lo que no se ve, pero sostiene todo lo que está adentro. Toda esa preocupación me permite hacer un trabajo uniforme y no irme para cualquier lado. Mantener un criterio compositivo. Cuando empecé a leer los estudios de Pablo Tosto referidos a la sección áurea, me ayudó mucho en mi trabajo porque te ordena en el interior del cuadro. Te da un cierto patrón compositivo, pero no te sujeta a ese patrón. Te da un sostén. Para mí la composición es todo.


-¿Por qué no hay presencia de la figura humana? 

-Porque me parecía que la figura humana iba a ser redundante. La obra podría derivar en otra cosa y lo que yo quería mostrar es la invención humana más que la figura humana. Ese engranaje provocó un cambio impresionante en toda la historia de la humanidad. Empecé investigando lo que fue la primera Revolución Industrial y esto me llevó ha realizar esta serie. En los dibujos que ahora estoy realizando y que también están relacionados con las máquinas, trabajo la totalidad, el conjunto, no un detalle como en el caso de “Engranajes”.

-Su obra refleja pulcritud, esfuerzo y trabajo. ¿Qué les aconseja a los jóvenes que empiezan?

-Yo les digo a todos que lo principal es aprender lo básico; aprender lo fundamental que es lo que va a sostener la obra. Aprender de color, de composición, de línea de forma. Sobre cómo se arma un bastidor. Y una vez que se ha transcurrido toda esa etapa de aprendizaje, pueden hacer lo que quieran. Romper. Pero primero tienen que demostrar que saben.


-¿Qué opina de las nuevas tendencias en el arte?

-Estas nuevas rupturas a mí no me agradan. Pero hay gente que le gusta, a mí no. Sin embargo, ha habido instalaciones -por ejemplo- que fueron muy buenas. Cuando se sabe que hay trabajo, estudio, esfuerzo se nota en el producto final. En la preparación de la obra es fundamental estudiar también al que la hizo y por qué la hizo. Dentro del contexto histórico concluyes que eso es arte. Eran tipos de mucho estudio. Una instalación de entonces es muy diferente a la de ahora. Ahora una instalación vos la armás y la trasladás al lugar de exposición. Pero antes concebían la instalación para el espacio. Tenían un montaje previo que les llevaba meses. Medían, tomaban fotos, calculaban… la obra era exclusivamente para ese lugar. Hacían las cosas bien.



-¿Qué relación tiene su trabajo con el realismo?

-Sí, se asocia. Si entendemos a la realidad como una representación de lo que está pasando. No por ser una pintura figurativa sos un pintor realista. Si bien lo mío no es una representación de la realidad social, pero sí una representación de la sociedad que heredamos. Que nos dejaron y la que nos puede llegar a venir.

-¿Lo suyo puede limitar con lo ilustrativo o con el cómic?

-He dibujado cómic y en un colegio estuve dando por muchos años un taller de historieta.

-¿Está conforme con el resultado?

-Hubo un tiempo que estuve muy enojado conmigo pues habían metas que no podía lograr. Veía cosas de otros que me gustaban mucho y que yo no podía hacer. Hasta que me dije: “Yo tengo mi forma de trabajar y ya está, es así. Al que no le guste, que no la mire”.


-Pero su obra es para mirarla y demuestra que la pintura sigue vigente.

-Somos una cultura de la imagen. Fue lo primero que existió como sistema de aprendizaje, mucho antes del abecedario. Es más fácil enseñar con imágenes que con palabras, que es algo abstracto. Mirar es más amplio y lo que mirás lo podés comprender al instante. Vos a un niño le mostrás una imagen y la reconoce por más que no sepa cómo se llama o cómo se escribe. Eso hace que la pintura y todas las artes visuales aún tengan vigencia y sean tan fuertes. Tenemos pintura para rato.

-¿Nos puede describir la obra de su serie “Engranajes” que ha elegido para ser reproducida en esta entrevista? 

-"Engranajes" es una serie compuesta por ocho pinturas. La que elegí es "La máquina del tiempo", un homenaje a H. G. Wells autor de la novela que da nombre a mi pintura. El tiempo es algo que obsesiona al hombre desde siempre, creando máquinas para tratar de mensurarlo y manipularlo, preguntándose siempre, qué pasaría si se pudiera modificar el pasado, si se pudiera viajar al futuro. También quise plasmar la relación entre el espacio y el tiempo, como, según las teorías, se imbrican y complementan uno con otro. De todos modos la interpretación del tema siempre será la que cada espectador haga de ella. 


-Si tuviera que pensar en una pintura que siempre le haya causado profunda admiración. ¿Cuál elegiría y porqué? 

-Siempre me causó profunda admiración la obra de M.C Escher. La primer obra que vi de él fue "Otros mundos", una xilografía. La conocí a través de la vidriera de una librería donde se mostraba un libro con la obra de Escher. Me llamó la atención el increíble manejo de la ambigüedad espacial, el refinado dibujo y esa increíble sensación de ser transportado a otros mundos donde lo imposible se torna posible.

La entrevista fue publicada en el Suplemento de Cultura - Diario Los Andes

Sobre el pintor:

Félix Pablo Villagra es cordobés y se radicó en Neuquén. Está casado y tiene tres hijos. 

Sus gustos: 

Un libro: ”El hombre ilustrado” de Ray Bradbury
Un hobby: editar música y hacer mezclas
Un grupo musical: Pink Floyd




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